Biden propone un gasto faraónico que acerque el estado del bienestar

El Plan para las familias destinará 1,8 billones sobre todo a educación y sanidad

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Joe Biden conquistó la presidencia de Estados Unidos no solo por la voluntad de los estadounidenses de dejar a Donald Trump sin un segundo mandato y por la crisis sanitaria y económica de la pandemia de Covid-19. También por su marchamo de candidato moderado, sus promesas de cerrar las heridas profundas del país y su talante bipartidista. Pero el venerable político de 78 años traía con discreción una revolución bajo el brazo: una transformación socioeconómica a golpe de chequera e ‘impuestazo’ desconocida en la primera potencia económica desde la Segunda Guerra Mundial.

La pasada madrugada Biden compareció ante una sesión conjunta del Congreso para celebrar sus primeros cien días en la Casa Blanca y detallar un nuevo plan de gasto, el tercero desde su llegada a la presidencia. Se trata del Plan para las familias estadounidenses y con él busca acercar a EE.UU. al resto de economías desarrolladas en materia de bienestar.

EE.UU. es, por ejemplo, la única economía desarrollada en la que la baja médica por maternidad o paternidad no está garantizada. Tampoco hay educación preinfantil pública a nivel nacional ni cobertura médica estatal mínima, excepto para jubilados y para la población de recursos más bajos. La tasa de pobreza infantil en EE.UU., uno de los países más ricos del planeta, está entre las mayores en el mundo desarrollado, al igual que la tasa de mortalidad infantil.

La Casa Blanca adelantó detalles de los planes antes del discurso de Biden. Su factura sería de 1,8 billones de dólares para los próximos diez años e incluye partidas como: gratuidad para títulos universitarios de dos años en centros públicos; educación preinfantil pública para niños de 3 y 4 años; obligación de baja médica y baja maternal y paternal a nivel federal; aumento de los recursos para programas alimenticios para niños; partidas para subvención de cuidados infantiles; beneficios fiscales por hijos o extensión de subsidios médicos dentro de la Ley de Cobertura Médica Asequible, conocida como Obamacare.

El tercer gran programa

La propuesta de la Administración Biden es el tercer gran plan de gasto en poco más de tres meses en la Casa Blanca. Biden consiguió aprobar el nuevo paquete de rescate económico por el Covid –de 1,9 billones de dólares– nada más llegar al cargo. Lo hizo, al contrario de lo prometido, sin ningún apoyo republicano, solo con las mayorías exiguas de los demócratas en el Congreso. Poco después volvió a pedir más dinero a los legisladores para su plan de infraestructuras y empleo, esta vez de 2,3 billones de dólares. Biden se encontró con una negativa frontal a ese gasto por parte de los republicanos, que criticaron que es excesivo y contiene muchas partidas que no son infraestructuras. Biden se ha mostrado dispuesto a negociar el alcance del plan, pero las posturas están muy enfrentadas.

El tercer plan de gasto apunta a un camino similar. Sobre todo porque, para sufragarlo, incluye aumentos de impuestos para las rentas más altas y para empresas. La mayoría de los estadounidenses quedarían exentos de subidas de impuestos –Biden prometió que no tocaría a aquellos con ingresos menores a 400.000 dólares al año–, pero muchos de los afectados están entre los grandes apoyos económicos de los dos partidos.

«La subida de impuestos propuesta por el presidente Biden puede que ayude a que los demócratas hagan realidad su visión socialista para este país, pero no ayudará a los trabajadores estadounidenses cuando destroce nuestra recuperación económica y obligue a las empresas a despedir gente o trasladarse a lugares con menos impuestos», reaccionó el senador John Thune, uno de los republicanos de más alto rango en la cámara alta, ante los detalles del plan de gasto.

«Las carteras de los estadounidenses de todo tipo sufrirán por el plan fiscal de Biden», incidió su compañera de bancada, Marsha Blackburn.

El problema para los republicanos, al igual que ocurrió con el último rescate económico por el Covid, es que el plan de Biden puede ser popular. Asuntos como la subvención de la educación preinfantil o las bajas médicas y familiares eran asuntos que ni siquiera se discutían hace pocos años en EE.UU., pero que ahora no son considerados revolucionarios por la gran mayoría del electorado demócrata. Y también podrían convencer a parte de la clase media deteriorada de EE.UU. que abrazó el populismo de Trump en 2016.

«Estamos en un mejor camino para la gente», defendió Nancy Pelosi, la líder demócrata de la Cámara de Representantes, en una entrevista con ‘Politico’ en la que atacó el plan fiscal de Trump y los republicanos de 2017, al que calificó de «timo fiscal» por, en su opinión, beneficiar a empresas y rentas altas. Según ella, el plan de Biden «será transformador».

Fuente: ABC

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