El capitán de navío Tomás Dolarea, comandante del Grupo de Combate de Ciberoperaciones del Mando Conjunto del Ciberespacio advierte del impacto físico que un ciberataque puede tener sobre los buques modernos.
Los buques modernos ya no se protegen sólo con acero, sensores, armamento o escoltas. También dependen de satélites, datos, comunicaciones, automatismos y sistemas digitales que pueden convertirse en una vulnerabilidad crítica si un adversario logra interferirlos, manipularlos o atacarlos.
Ese es el mensaje que ha trasladado el capitán de navío Tomás Dolarea, del Grupo de Combate de Ciberoperaciones (GRUCO) del Mando Conjunto del Ciberespacio (MCCE), durante una conferencia celebrada esta semana en el marco de los Cursos de Verano de la Universidad Politécnica de Madrid.
Según han informado desde el MCCE, Dolarea ha analizado los retos de la seguridad de la información en el entorno marítimo y ha puesto el foco en vulnerabilidades críticas como la dependencia de los sistemas de navegación por satélite (GNSS), los riesgos asociados a la alta velocidad a bordo y el impacto físico que las amenazas digitales pueden tener sobre los sistemas operacionales de los buques.
El dato es relevante porque desplaza el foco de la ciberseguridad marítima, ya que no se trata sólo de proteger información clasificada, comunicaciones sensibles o redes internas. En las plataformas modernas, un ataque digital puede afectar a sistemas operacionales (OT), es decir, a elementos que no gestionan únicamente datos, sino procesos físicos vinculados al funcionamiento del buque.
La dependencia de los sistemas GNSS se ha convertido en un punto sensible
Durante años, la seguridad marítima se ha explicado desde amenazas muy visibles: misiles, drones, minas, sabotajes, ataques a cables submarinos o interferencias sobre rutas estratégicas. Pero el avance tecnológico ha añadido una capa menos evidente y cada vez más decisiva: la dependencia de la información.
Un buque moderno necesita saber dónde está, comunicarse con otras unidades, integrar sensores, coordinar datos, proteger sus redes y mantener operativos sistemas que ya no pueden entenderse al margen del dominio digital. Por eso, la dependencia de los sistemas GNSS se ha convertido en un punto sensible.
El GNSS es el conjunto de sistemas de navegación por satélite que permite determinar posición, navegación y tiempo. Si esa señal se degrada, se suplanta o se interfiere, el riesgo puede ir mucho más allá de una incidencia técnica. En un entorno marítimo, puede afectar a la navegación, a la seguridad de la plataforma y a la capacidad de cumplir una misión.
Un ciberataque contra un buque puede afectar al propio funcionamiento de la plataforma
La advertencia del comandante del GRUCO apunta también a los sistemas OT de los buques. A diferencia de las tecnologías de la información tradicionales, centradas en redes, datos y comunicaciones, los sistemas operacionales están conectados al funcionamiento físico de una plataforma.
Ahí está una de las claves de la conferencia. Según han detallado desde el MCCE, Dolarea explicó el impacto físico que pueden tener las amenazas digitales sobre esos sistemas. En otras palabras: un ciberataque contra un buque no tiene por qué limitarse al robo de información o a la interrupción de una comunicación. Puede tener consecuencias sobre elementos que afectan al propio funcionamiento de la plataforma.
Ese escenario encaja con una realidad cada vez más visible en el ámbito de la defensa: el mar ya no es sólo un espacio físico. También es un entorno conectado, dependiente de datos y expuesto a amenazas híbridas en las que lo digital puede alterar lo operacional.
Criptografía post-cuántica e inteligencia artificial agéntica
Frente a estos desafíos, Dolarea planteó la urgencia de implementar la criptografía post-cuántica y la inteligencia artificial agéntica. Son dos conceptos técnicos, pero ambos apuntan a la misma idea: proteger las plataformas antes de que las amenazas futuras lleguen a ser plenamente operativas.
La criptografía post-cuántica busca preparar los sistemas frente a un escenario en el que los ordenadores cuánticos puedan romper algoritmos de cifrado hoy considerados seguros. Y es una cuestión fundamental para la defensa, porque la protección de comunicaciones, datos y sistemas críticos exige anticipación.
La inteligencia artificial agéntica, por su parte, se refiere a sistemas capaces de actuar con mayor autonomía para analizar información, tomar decisiones dentro de un marco definido o ejecutar tareas complejas. En un entorno marítimo saturado de datos, sensores y amenazas, su aplicación puede resultar decisiva tanto para detectar riesgos como para responder con mayor rapidez.
Ya no basta con defender el buque; también hay que proteger los datos que utiliza
El mensaje de fondo de la ponencia es que la información se ha convertido en un valor central para proteger las plataformas modernas. Ya no basta con defender el buque como objeto físico. También hay que proteger los datos que utiliza, las señales de las que depende, los sistemas que lo coordinan y las redes que lo conectan con el resto de la operación.
La conferencia se integró en un curso organizado por la Cátedra Antonio Remón Zarco del Valle, fruto del convenio entre la Universidad Politécnica de Madrid y el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN).
Fuente: estrelladigital








