Medio centenar de empleados del Vaticano recurren a la abogada más temida por la Santa Sede para mejorar sus condiciones laborales

49 de los 700 trabajadores de los Museos Vaticanos han dado el primer paso para una «demanda colectiva» contra el Estado Ciudad Solicitan un «plus» por el supuesto riesgo «sanitario, biológico y físico» que supone el «contacto directo con miles de personas al día»

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También los empleados del Vaticano tienen problemas con sus jefes. Este fin de semana, 49 de los 700 trabajadores de los Museos Vaticanos han dado el primer paso para una «demanda colectiva» contra el Estado Ciudad del Vaticano por las condiciones laborales. Como no hay sindicatos, han acudido a la abogada Laura Sgrò, la más temida por la Santa Sede, que se dio a conocer en el caso «Vatileaks», y actualmente sigue el caso de Emanuela Orlandi y del guardia suizo Cédric Tornay, quien en 1998 supuestamente se suicidó después de disparar contra el comandante Alois Estermann y su mujer Gladys Meza.

Sgrò ha enviado una instancia de parte de los 49 empleados dirigida al presidente del «governatorato vaticano», el gobierno civil de este Estado, el español Fernando Vérgez Alzaga. Solicitan que se cambien algunas condiciones de trabajo, y explican que, si no se hace, llevarán la cuestión a los tribunales. Son 47 porteros de los Museos Vaticanos, un empleado de la librería y otro del laboratorio de restauración.

La ley vaticana prevé en estas cuestiones un intento obligatorio de conciliación antes de proceder a la apertura de un proceso. Ahora el cardenal Vérgez y su equipo tienen 30 días para responder. «Las condiciones de trabajo lesionan la dignidad y la salud de los trabajadores», recita el escrito de los 49 empleados firmado por Laura Sgrò. «Es evidente la mala gestión, que sería aún más grave si fuera fruto de la búsqueda de mayores beneficios», insinúa.

Un «plus» por riesgo «sanitario, biológico y físico»

Junto a las condiciones laborales, avisan de dificultades de seguridad para los empleados e incluso para las obras de arte. Explican que, aunque el número máximo de visitas a los Museos Vaticanos es de 24.000, se está admitiendo la entrada cada día a entre 25.000 y 30.000 personas. Solicitan un «plus» por el supuesto riesgo «sanitario, biológico y físico» que supone el «contacto directo con miles de personas al día».

No es el único peligro que afrontan. También denuncian que hay pocos ‘gendarmes’ (agentes de policía) en la zona, aparentemente «sólo uno en la entrada», y que «a veces los porteros han sido agredidos por visitantes molestos».

Señalan que «sólo son accesibles dos salidas de seguridad», que «los detectores de metales no cumplen los protocolos de seguridad», y que hay «salas sin aire acondicionado» que provocan riesgos de salud en verano y ponen en peligro la «conservación de las obras de arte».

Los jefes «deciden a su antojo»

En cuanto al «convenio colectivo», solicitan poner horarios para las «visitas domiciliares a empleados que están de baja por motivos de salud». Los empleados vaticanos contestan que esta visita pueda realizarse a cualquier hora del día, y no sólo durante el horario de trabajo. «Obliga a quedarse en casa todo el día. Pero estar a disposición más allá del horario laboral es una violación de la dignidad y de la libertad personal», escriben.

También contestan que las horas extra se paguen con un precio inferior al del trabajo ordinario. «Después de seis horas de pie, se debe seguir trabajando por una retribución inferior. Y los jefes abusan de este instrumento», explican.

Dicen también que faltan criterios claros para definir quien merece un aumento o un ascenso, y que los jefes «deciden a su antojo». Por eso, consideran que «reina la discriminación absoluta» y que puntúa negativamente que «el empleado cuide de un familiar que padece una enfermedad grave y comprobada».

La abogada Sgrò quiere la devolución de sus salarios

Los empleados del Vaticano tienen ventajas respecto a los italianos, principalmente en materia fiscal y de estabilidad del propio puesto de trabajo, pero algunos inconvenientes, como la falta de subsidios al desempleo para quienes no pueden trabajar. La abogada Sgrò denuncia que los empleados están aún pagando las horas de trabajo que les fueron abonadas durante el confinamiento del Covid-19, pero que no pudieron efectivamente realizar.

Aparentemente, la Dirección de Museos y Bienes Culturales del Vaticano entregó en 2021 a cada empleado un «aviso de deuda de horas» cuyo importe se retendría poco a poco de la nómina. La abogada lo considera en la práctica una devolución parcial de los salarios de la pandemia.

Sgrò asegura que los empleados han intentado afrontar estas cuestiones personalmente con sus jefes, antes de recurrir a ella, pero que sus reclamaciones no fueron escuchadas. Aunque las reclamaciones proceden sólo de empleados de los Museos Vaticanos, si tuvieran éxito, la estrategia podría contagiarse hacia los otros 4.500 empleados del Vaticano y de la Santa Sede.

En el Vaticano no existe técnicamente un sindicato sino sólo una «Asociación de Laicos Dependientes del Vaticano» con unos 500 miembros, que busca «diálogo y negociación» para mejorar las condiciones de quienes trabajan para el Papa.

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