El sustento y la estrategia

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Llevamos largo tiempo usando los hidrocarburos como sustento energético del país. Confianza válida para una nación que llegó a poseer amplias reservas de crudo y gas. Ya no es el caso y, además, nuevas y diversas tecnologías han ampliado el abanico de las alternativas disponibles. Los ciclos combinados, petróleo y gas, han sido, hasta hoy día, los prioritarios para la generación eléctrica. El agua fue una aliada que llegó a su potencial con la edificación de las grandes presas del país. Esos tipos de posibles obras nuevas quedan fuera, por ahora al menos, del pensamiento energético futuro. Las demás fuentes adicionales, aun combinadas, han sido y, tal vez, continuarán siendo, complementarias en el corto plazo. 

La insistencia en seguir usando el gas texano por barato y abundante nos lleva, directamente, por la ruta de la dependencia externa, que ya es sobradamente abrumadora. Se tiene que aprender de tan inestable contingencia sin contar con alguna salvaguarda que pueda aliviar las carencias actuales. Observar lo que hoy les sucede a distintos países europeos, con abundante uso de diésel gringo, cuyo acceso puede verse limitado de improviso por precio elevado o por decisión de política interna del proveedor. 

El concepto de la descarbonización, muy de moda entre universitarios y de los dueños de tecnologías alternas (sol y viento) nos aleja de una estrategia de crecimiento sustentable para el largo plazo. Esto es así porque su actual priorización a ultranza deja de lado otra fuente, la nuclear, que puede sostener una industria vasta, poderosa, independiente y compleja. 

Una insana preconcepción sobre peligros del uso y desarrollo de la energía nuclear nos arroja, de lleno, sobre las llamadas energías limpias. Entendiendo por ellas las que usan el viento y el sol como impulsores básicos. Se les adicionan calificativos como abundantes y baratas: el sol y el aire no cuestan, afirman con suficiencia. Estos agregados no son ni claros ni ciertos, en especial cuando se habrán de requerir en grandes escalas. 

Su tecnología ya se ha desarrollado en otros lugares que la usarán como medio de presión y condicionamiento. Una estrategia nacional, integradora de una mezcla de tecnologías energéticas, tiene que contar, como ingredientes indispensables, a los hidrocarburos, las intermitentes y la nuclear. Sin olvidarse de las otras, aportantes en menor escala, que ya se emplean. Lo importante es rescatar, con la debida urgencia e importancia, la generación atómica. Sin ella, no se podrá llegar a ser independientes. Apartarse de la idea de usar grandes plantas, como Laguna Verde, por sus dificultades en costo, riesgos y ubicación. Estudiar, en detalle, el caso de India y volver sobre los pasos que hace mucho dejamos de dar. Despojarnos de miedos abstractos y tontos que obstaculizan un desarrollo autónomo. 

Se han perdido varios años y las exigencias de contar con una eficaz base, de sólida calidad, para nuestra planta productiva y vida organizada, es imprescindible. Asegurar la creciente necesidad, social y productiva, de energía, es materia inseparable de la modernización transformadora que no perdona olvidos ni medianías. Las rutas de los trabajos apuntan a tecnologías exigentes, complejas, pero que no obliguen a dependencias sino a innovaciones propias. 

El esfuerzo político, que dio inicio a los afanes soberanos durante el sexenio pasado, no debe ponerse a recaudo. Se logró producir, internamente, lo necesario para una movilidad creciente que parecía estancada y sin dirección. Ahora se trata de integrar el segundo escalón: una CFE rectora, capaz de asegurar el futuro eléctrico para una economía en expansión. No está claro que se pueda cumplir con ese mandato mayoritario – independiente– del pueblo en las urnas, sin retornar a importar energéticos y tecnologías que no tienen conexión y perspectiva local. 

Desde este tipo de plataformas productivas, que desembocan, necesariamente, en el quehacer político, es sobresaliente plantearse la pregunta: ¿quién podrá asegurar un futuro soberano para este país? No se puede dejar al azar la cristalización de este horizonte. Ya se planteó como alternativa posible desde 2018 y se le dio terminal respuesta: asegurar un movimiento de regeneración que cuente, de base, con el apoyo popular mayoritario. Otra alternativa más en 2024, volvió a triunfar por segunda ocasión en las urnas. Ahora, dos años después, se requiere extender la mirada que perfile una mejorada continuidad. El modelo productivo y de gobierno en marcha no permite improvisaciones y medianías, sino esforzados guías, con firme apoyo del pueblo ciudadano. 

Los flagrantes signos de dominación imperial se renuevan cada día, especialmente confinados a nuestro continente. Habrá que darles francas y serias respuestas con la determinación democrática y libertaria que solicitan los mexicanos.

Fuente: lajornada

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