SI ALGUIEN PENSÓ que la gentrificación se trata solamente del cambio violento, por medios económicos, de la propiedad en los terrenos urbanos, seguramente se equivoca, porque ese cambio también afectará, en algunos lugares de manera definitiva, lo político.
Y ES QUE quienes han tenido que dejar ciertas colonias porque ya no tienen lo suficiente para pagar la renta, por ejemplo, irán a otras demarcaciones –si aún permanecen en la ciudad–, cuya composición del voto ya no será el mismo que por años y años mantuvo en los lugares que habitaban y que decidían el triunfo o el fracaso de un partido político.
EL FENÓMENO SOCIAL, poco o nada estudiado hasta el momento, puede señalarse con algunos datos ya muy establecidos. Por ejemplo, hay estudios, principalmente en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), que advierten de cientos de miles de personas desplazadas de zonas céntricas como la alcaldía Cuauhtémoc. Colonias como la Roma, Condesa, Juárez y Doctores, por ejemplo, han visto crecer el problema en los últimos 10 años.
EN ESE TIEMPO el mapa electoral ya ha sufrido cambios. En la alcaldía Cuauhtémoc y en Benito Juárez, donde la población se consideraba principalmente conservadora, la conformación vecinal han ido cambiado, y de esos habitantes hoy quedan pocos. Los departamentos que se construyeron en lugar de las casas viejas han sido habitados por gente de menor edad, pero más actuante, gente que tiene como condición fundamental para decidir su voto el cumplimiento por parte de la autoridad de los deberes para conservar el equipamiento urbano, como el alumbrado público o el estado de las calles, en las mejores condiciones.
ESA ES UNA de la razones que hoy tienen al PAN y a Morena casi empatados en las encuestas. La ideologización del voto, elemento fundamental para que la derecha siguiera con muy altas preferencias, se ha ido desmoronando y el fracaso de las alcaldías para hacer de esas demarcaciones lugares muy especiales creció de manera importante.
HOY SE JUZGA, cuando menos en esas dos alcaldías, el trabajo y no los prejuicios con los que se califica a las ideas de izquierda. Aunado a esto, debemos considerar que también las viejas casonas se han convertido en espacios de renta a extranjeros –muchos– que no tendrán derecho al voto.
SÍ, LAS COSAS han cambiado, pero hay gente que como Alessandra Rojo de la Vega, en Cuauhtémoc, no lo entienden por más jóvenes que sean. Dentro de muy poco tiempo las encuestas que hoy nos dicen que existe un empate entre PAN y Morena se irán transformando para advertirnos de que las cosas ya no son las mismas y que el PAN ya no significa nada, principalmente en la Cuauhtémoc.
POR ESO ES que los encuestadores seguramente se sentirán sorprendidos cuando lean los resultados de sus mediciones, porque habrán de mostrar diferencias que durante muchos años no se habían hecho notar por más que no fueran iguales de un año al otro, es decir, nada cambiaba.
De pasadita
LA CORRUPCIÓN EN el INE sigue siendo la comidilla de todos los espacios. Tanto los análisis serios como los chismes pretenciosos tienen el foco puesto en las andanzas de la ex consejera presidenta del organismo Guadalupe Taddei.
LAS ACUSACIONES DEJAN claro que hubo malos manejos por parte de la máxima autoridad del INE y que esos malos manejos deben ser sancionados conforme a la ley. Taddei se pasó, aunque ya hemos visto que el mal era, o es, endémico.
AFORTUNADAMENTE SUCEDIÓ EN estas fechas y tiene que quedar claro que no afectará la elección que viene, pero sí sirve para que ciertas voces del panismo exijan que cambie la ley que, según ellos, dio “superpoderes” a la presidencia del instituto, y sí, no estaría mal cambiar si ese es el punto de infección, pero lo mejor sería, no nos queda duda, que si quieren que las cosas cambien, sí, la ley debe cambiar para que los partidos políticos dejen de recibir dinero del erario. Vamos a ver si frente a esa opción las y los bocones panistas siguen hablando de cambios en la ley. Nada más.
Fuente: lajornada








