Laura Baeza explora en Santita del Agua Clara cómo la fe moldea a las personas, sirve de refugio y también puede convertirse en instrumento de poder.
Ciudad de México.– La fe puede convertirse en un refugio, servir de explicación, pero también en un instrumento de poder o en un territorio para la manipulación. En Santita del Agua Clara (Alfaguara), la escritora mexicana Laura Baeza vuelve sobre algunos de los temas que han atravesado su obra como la familia, la memoria y la violencia, aunque ahora para explorar cómo las creencias intervienen en la vida de las personas y pueden ser utilizadas con propósitos muy distintos.
“La familia ha sido fundamental en mis tres novelas y en unos cuantos cuentos. También la forma en la que la fe moldea a las personas o las personas usan la fe para distintos fines”, explicó la escritora en entrevista con SinEmbargo.
Santita del Agua Clara cuenta la historia de Carlos y Mari, dos hermanos cuya infancia queda marcada por el abandono de sus padres, las decisiones de los adultos y la aparición de Teresa, una mujer que introduce a la familia en un universo de rituales, creencias y promesas. La novela se mueve entre la Ciudad de México y San Simón, un pueblo ficticio, mientras el agua, una vieja casa, la memoria y los elementos fantasmales van construyendo una atmósfera que Baeza define como “gótico urbano” o incluso “gótico de la Portales”.
La historia, explicó Baeza, comenzó varios años antes como una idea contenida en el cuento “Veladoras”, publicado en 2022 en Una grieta en la noche. Ese relato policiaco seguía a un agente que atendía el llamado por el feminicidio de una mujer considerada bruja en la zona de La Merced y descubría que esa mujer estaba vinculada con su propia infancia. La autora quedó satisfecha con el cuento, pero pronto descubrió que aquella historia todavía guardaba posibilidades.
“Con el paso de los meses me di cuenta de que había más cosas que yo pude haber escrito, pero no cabían siendo cuento. Entonces seguí pensando y pensando, dándole vueltas. Ahí se fueron sumando los temas que me interesaban hasta que ya decidí que podía hacerlo una novela, y la novela pues está enfocada en la infancia y en la repercusión de ciertos acontecimientos para la vida de Carlos”, relató.
Esa infancia está atravesada, desde el inicio, por las decisiones de unos padres que persiguen sus propios ideales, pese a las evidentes consecuencias a las que arrastran a sus hijos. Cristóbal, padre de Carlos y Mari, se marcha al sureste mexicano convencido de que puede participar en una transformación social, pero para Baeza se trata también de un personaje que idealiza una realidad que desconoce y termina enfrentándose a las consecuencias de esa visión.

“El papá Cristóbal es un hombre que no sabe nada de la vida, no sabe mucho acerca de su familia y tiene unos ideales un poco tontos. Tal vez él piensa que por ser una persona formada en la sociología y un soñador de escritorio, puede ir con sus ideales a una comunidad que no conoce, que tiene sus propias motivaciones y también que a veces se idealiza ciertos movimientos o se les juzga dependiendo de quién lo señale”, explicó.
“Entonces él va pensando que puede hacer el gran cambio y lo que se encuentra es un oasis de horror en la selva y son las consecuencias de sus actos. El hecho también de que haya quedado tan desencantado con una utopía que le prometieron y que de la cual nunca iba a formar parte, porque él siempre fue visto como alguien ajeno”, añadió.
Las decisiones de los adultos terminan trasladándose directamente a Carlos y Mari, quienes quedan al cuidado de Guadalupe, su abuela, quien a su vez busca desesperadamente conservar unida a la familia y encuentra en Teresa una posible respuesta. “Ellos quedan al cuidado de la abuela, como suele suceder en gran parte de las familias, no nada más mexicanas, sino del mundo. Pero la abuela tampoco es una persona que acepte, no quiere tener a su familia unida a como dé lugar y eso es lo que la lleva a caer con Teresa”.
En ese sentido, Teresa es uno de los personajes alrededor de los cuales la novela construye la tensión a través de la fe. De hecho, no existe una sola interpretación de ella: Guadalupe la considera capaz de salvar a su familia; Mari observa en ella algo semejante a los seres mágicos de sus libros; Carlos, en cambio, la percibe como una presencia monstruosa.
“Teresa es una gran actriz también. Todo lo que hace es una puesta en escena. La forma en la que llega a Guadalupe, la manera en la que ella decide que Mari puede llegar a hacer otra cosa. Teresa es vista de manera diferente. Guadalupe, claro que la ve como la salvadora de su familia. Mari la ve con fascinación, como si ella representara aquellos seres mágicos que leen sus libros de historias. Y Carlitos la ve como un monstruo. Carlitos la ve como una medusa, como una serpiente que los engulle”, explicó la autora.
Para Baeza, esa ambigüedad resulta fundamental porque Teresa no es únicamente una creyente ni solamente una manipuladora. Su poder reside también en la capacidad de construir una representación para quienes están dispuestos a creer en ella.
Fuente: sinembargo








