¿Y qué ocurre cuando el maltratador también se queda en casa?

El encierro por el coronavirus es un doble yugo que está pesando como una losa en los hogares de víctimas de violencia

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«Están viviendo el encierro como un machaque aún mayor», dice Ana Bella, fundadora de una de las más potentes asociaciones de mujeres supervivientes al maltrato del país. Es difícil imaginar cómo al impacto emocional que está causando a millones de españoles la limitación de la libre circulación se le puede sumar la factura de la convivencia perpertua con el maltrato. El peligro aumenta exponencialmente. Y en cada rincón del domicilio, multiplicado por 24 horas. El resultado puede ser o demoledor, para algunas, o disruptivo para otras. Lo cuenta Bella, mujer que huyó de décadas de agresiones de su marido con sus cuatro hijos: «Yo tomé la decisión el día de las Torres Gemelas. Fue una señal: se va a acabar el mundo y yo estoy atrapada con este señor». El coronavirus, entonces, cobraría algún sentido.

Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género del Poder Judicial, afirma que desde que se decretara el estado de alarma se «observa un dato relevante»: han caído un 33% las incidencias por el uso de dispositivos telemáticos (las pulseras de los agresores), lo que significa, a bote pronto, que los maltratadores «también se están quedando en casa» y no violan la orden de alejamiento respecto de las víctimas.

La cara opuesta, comentan algunas asociaciones que trabajan con maltratadas, es que, por el aluvión de llamadas al 016, este servicio va «más lento» que en semanas antes de la eclosión del Covid-19. Y eso, para aquellas que puedan telefonear. Porque la diferencia sustancial que marca este encierro es que ellas no encuentran la ocasión de zafarse del agresor con el que cohabitan y pedir ayuda. Por ello, Igualdad acaba de activar un mecanismo de alerta para el tiempo que dure el aislamiento: un chat de mensajería instantánea para que las mujeres envíen su geolocalización inmediata a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado cuando se hallen en una situación de riesgo o violencia.

«Esta situación es horrible. Me persigue continuamente por todo el piso. El machaque es aún mayor que antes»

Aún es pronto para hacer balance, pero Ana Bella subraya «la confusión» inicial que ha habido entre mujeres agredidas; primero porque desde el sábado se encontraron con la tesitura de no saber si el estado de alarma levantaba o no las órdenes respecto a la entrega de sus hijos al maltratador. «Tuvieron mucho miedo de que el agresor no les devolviera a sus hijos», dice. Después, porque «se encuentran perdidas», el confinamiento está pesando como una losa. «Esta situación es horrible: me está continuamente persiguiendo por toda la casa; él baja a la compra, y lo tengo pegado todo el día», reproduce en un audio telefónico una mujer agredida en contacto con la asociación.

El «olvido de Sánchez»

Aunque el miércoles en su intervención ante el Congreso de los Diputados, el presidente Pedro Sánchez sí se acordó de esta «doble amenaza» –la de la agresión y la del coronavirus– que viven cientos de mujeres en el país, Bella critica con vehemencia: «El sábado el Ejecutivo dejó abiertas tintorerías y supermercados, pero no dijo que siguen abiertas las casas de acogida, el 016 o las redes sociales de las asociaciones», que echan humo. «Es nuestra responsabilidad protegerlas», instó Sánchez días después.

A su llamamiento responde en Madrid la psicóloga de una unidad de atención a víctimas de violencia machista quien asegura que, como ha ocurrido en China, la tónica durante la cuarentena forzada será que, a medida que el nivel de estrés aumente en el hogar, los maltratadores salten con más fuerza. « Va a ser complicado mantenerlos a raya, porque los hombres que ejercen violencia tratan de cortar todo contacto con el exterior, el telefónico y el familiar que se prodiga en este tipo de aislamientos porque es la mejor válvula de escape al control», añade, pesimista.

En caso de urgencia, aconseja esta psicóloga, las mujeres agredidas deben aprovechar una salida para tirar la basura, acudir a la farmacia… lo que sea para pedir auxilio en esta situación aún más extrema.

Fuente: ABC

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