Rafa Guerrero, psicólogo: «Cuando un adolescente pasa tantísimas horas en TikTok, ¿de qué está huyendo?»

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Cómo según este psicólogo la falta de conexión real nos empuja hacia la anestesia digital constante

El psicólogo Rafa Guerrero acaba de publicar ‘Adictos a las pantallas’ y aparece en la entrevista predicando con el ejemplo: Poniendo encima de la mesa un Nokia de los de antes, de los llamados ‘teléfonos tontos‘, sin datos, de los que ‘sólo’ sirven para llamar o recibir llamadas. Él decidió reducir al mínimo su relación con la tecnología, ‘pero no desde la superioridad moral, sino desde la conciencia de quien reconoce que también ‘ha estado ahí’: «Me atrapaba. Porque en el móvil tenemos todo: la linterna, los bancos, la cámara, el trabajo, el ocio… lo es todo».

«Mi relación con el móvil no es sana. No es positiva. Por eso decido pasarme a este formato», admite. Por otra parte, ‘más que suficiente’, asegura, y desde luego, coherente con sus ideas. Lleva ya un año utilizándolo la mayor parte del tiempo. «No significa que haya renunciado del todo al smartphone, pero sí que he trasladado WhatsApp, correo y redes sociales al ordenador y las miro exclusivamente ahí. Es verdad que por mi trabajo es verdad que puedo conectarme durante muchas horas al día a una pantalla donde tengo todas las aplicaciones que necesito y otra gente no puede. Pero la realidad es que, en mi caso, cuando reviso WhatsApp después de un día o dos, me doy cuenta de que la mitad de los mensajes han caducado. He sido muchos años cómplice de la inmediatez y ya no quiero saber nada de la inmediatez. Por eso lucho contra ella».

Su vivencia particular ha estado detrás de que Guerrero haya publicado esta obra ahora, pero aclara en que «no quería escribir otro libro lleno de prohibiciones o normas sobre TikTok, Instagram o videojuegos. Se ha publicado tantísimo sobre dispositivos, sobre lo que hay que hacer y lo que no se puede hacer… que yo buscaba otra manera de enfocarlo». Por eso su mirada en estas páginas va, sorprendentemente, hacia otro sitio: hacia el apego, el trauma y la necesidad de sentirse visto.

«Más que señalar o criticar a alguien por ser adicto a las pantallas, lo que tenemos que hacer es comprender por qué ocurre esto. Es decir, la pregunta no es qué te pasa. La pregunta es qué te pasó». Porque para él, detrás de una conducta adictiva, casi siempre hay dolor. «Debajo hay trauma. Hay vacío. Hay duelos enquistados. Hay ansiedad, hay estrés, hay conflicto. En definitiva, hay mucho daño». Y es ahí, advierte, donde «el móvil aparece como refugio, como anestesia, como vía de escape inmediata». Es decir, a su juicio, no hay que quedarse en las recomendaciones para un mejor uso sin más, sino que los adultos «tenemos que preguntarnos por qué este adolescente dedica tantísimas horas a TikTok. ¿De qué está huyendo? ¿Cuál es el daño? ¿Cuál es el conflicto que existe?».

Una circunstancia que en la adolescencia coincide, además, con que, de por sí, «los hijos dejan de mirarnos tanto a nosotros y empiezan a buscarse en sus iguales. Se produce una separación física y emocional de mamá y papá para entrar en juego esa necesidad de sentirnos vistos por nuestros iguales. Y ahí es donde las redes sociales -explica- tienen un poder devastador: ofrecen validación inmediata, masiva y constante». «Estamos pidiendo a nuestros seguidores que nos digan lo buenos que somos porque estamos bajitos de autoestima», explica. «Necesitamos que gente que no conocemos de nada nos diga lo estupendos que somos pero, ¿cuántos likes vale nuestra felicidad o nuestra salud mental?», pregunta.

«Las pantallas están construidas para secuestrar nuestras vidas»

Sobre el papel de los padres, es crítico. «¿Cómo van a salir los niños, si los padres desayunan mirando el móvil, se acuestan e, incluso, van al baño con él?. Y ya no hablemos de mirar al que tenemos al lado. Lo primero es que el adulto sea consciente», señala. «Porque muchas veces no somos siquiera conscientes de la cantidad de tiempo que le dedicamos al móvil. Dicho esto, no quiero culpabilizar a las familias. Los padres también somos víctimas», insiste. «Nos hemos querido creer o nos han hecho creer que el dispositivo es inocuo. No se trata de hacer un discurso simplista de ‘malos padres’. El problema es muchísimo más complejo ya que las aplicaciones están diseñadas precisamente para secuestrarnos. Es decir, no es que seamos tontos ni débiles. Las pantallas están construidas para secuestrar nuestra atención. Yo iría más allá: para secuestrar nuestras vidas».

Consejos de un psicólogo para controlar la adicción al móvil

Las recomendaciones prácticas de Rafa Guerrero para controlar la adicción al móvil son claras y rotundas porque «recordemos que estamos hablando de una adicción que se comporta como cualquier otra droga». Así que, para empezar, propone que «cuando entremos en casa, el teléfono se pone en ‘ modo avión ‘ y va directo a una caja». También tener claro que «bajo ningún concepto puede haber dispositivos tecnológicos en las habitaciones y no solamente me refiero a la habitación de mi hijo adolescente -aclara-. También a la de los padres». De hecho, dice esto proque reconoce que él también dormía con el móvil en la mesilla «no vaya a ser que se nos perdiera algo». Hasta que entendió que lo último que hacía cada noche y lo primero cada mañana era mirar una pantalla. Por eso propone también algo aparentemente sencillo, pero dificilísimo: retrasar el impulso. «¿Quieres mirar el móvil? Espérate cinco minutos. No hace falta esperar al día siguiente. Empieza por cinco». Porque para él, la clave está en recuperar la capacidad de sostener la incomodidad. «Todo lo que sea retrasar el impulso es beneficioso porque vas adquiriendo control».

La conversación vuelve una y otra vez al vínculo. A cómo las pantallas ocupan un espacio emocional enorme dentro de las familias. «Todo el tiempo que tú estás en redes sociales es tiempo que no estás con tu hija. Y por supuesto, es tiempo que no estás conectando contigo mismo». Y ahí enlaza directamente con el apego. «Cuidado cuando esto ocurre en esos primeros años de vida en los que un niño necesita sentirse mirado para construir su identidad emocional

Y el problema, insiste, no es únicamente tecnológico. «Que muchas veces lo que buscamos desesperadamente en la pantalla es algo mucho más humano: calma, vínculo, validación o compañía», concluye.

Fuente: ABC

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