‘In vitro’ o el nuevo precio de la paternidad: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para tener un hijo?

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La serie de Marc Crehuet y Alejandra Guimerà explora los dilemas éticos, emocionales y económicos de la reproducción asistida.

La maternidad no siempre llega en el momento ideal. A veces se impone el trabajo, otras la falta de estabilidad, la ausencia de pareja o, sencillamente, la incertidumbre de no saber si se quiere tener hijos. Y cuando por fin llega el momento, la biología puede haber empezado a poner sus propias condiciones.

La fecundación in vitro se ha presentado como una de las grandes conquistas de la medicina, una puerta abierta a quienes creían que no podrían tener hijos. Pero detrás de ese avance hay una realidad menos luminosa y es la de tratamientos que se prolongan durante años, expectativas que no siempre se cumplen, duelos que apenas se cuentan y decisiones que obligan a preguntarse hasta dónde estamos dispuestos a llegar para cumplir el deseo de ser padres.

¿Qué ocurre cuando la ciencia ofrece nuevas posibilidades, pero también aparecen límites? ¿Dónde termina el derecho a decidir sobre la propia maternidad y empiezan los dilemas éticos, emocionales y económicos?

Estas son algunas de las preguntas que plantea ‘In vitro’, la nueva serie creada por Marc Crehuet y Alejandra Guimerà, disponible en HBO Max. La ficción no nace únicamente de la documentación médica: sus creadores conocen de cerca el proceso que retratan. Después de casi diez años vinculados a los tratamientos de reproducción asistida, tuvieron a su primer hijo mediante estas técnicas y, más adelante, intentaron tener un segundo en un proceso, aseguran, «desgastante». De aquella experiencia, y de las vivencias también de familiares y amigos, surgió la necesidad de contar historias como esta. La serie se adentra en preguntas incómodas sin convertir la reproducción asistida en blanco de una crítica permanente. A través de la comedia y la ironía, plantea un equilibrio entre el cuestionamiento ético y la comprensión de quienes recurren a estas técnicas, sin ridiculizar su deseo de ser padres ni presentar la ciencia como una solución infalible.

En este caso, la serie sigue a Blanca (Bruna Cusí), una bióloga de 37 años que comienza a trabajar como embrióloga en una clínica de fertilidad de Barcelona. Allí coincide con Héctor (David Verdaguer), un profesional brillante y extremadamente racional, con una frialdad que choca con la implicación emocional de su compañera. Mientras ambos atienden a pacientes con circunstancias muy distintas, la clínica se convierte en un espacio donde la ciencia, los sentimientos y los intereses económicos no siempre avanzan en la misma dirección.

Uno de los conflictos que atraviesan ‘In vitro’ es el de la maternidad tardía. La medicina ha ampliado las posibilidades de tener hijos, pero el reloj biológico manda. La serie pone sobre la mesa una contradicción contemporánea: cada vez es más habitual retrasar la maternidad mientras se construye una vida profesional y personal, pero los óvulos no siempre están dispuestos a esperar a que todo encaje. ¿Hasta qué punto la reproducción asistida amplía la libertad de las mujeres y hasta qué punto intenta compensar una sociedad que no siempre les ofrece las condiciones para ser madres antes?

La clínica abre también la puerta a preguntas más incómodas. La selección genética de embriones permite prevenir determinadas enfermedades hereditarias, pero ¿dónde termina la prevención médica y empieza la tentación de elegir cómo queremos que sea un hijo? La ‘ovodonación’ plantea otro desafío, el duelo genético del que hablan en la serie: asumir que el hijo al que se va a gestar y criar quizá no comparta la carga genética de la madre. La ciencia obliga a detenerse en cuestiones que no siempre son agradables: qué significa ser madre, qué lugar ocupa la genética y qué expectativas estamos dispuestos a revisar por el camino.

Y luego está el dinero. Los tratamientos tienen un coste económico y emocional, y las probabilidades de éxito no siempre acompañan las esperanzas de los pacientes. En ese escenario se mueven Blanca y Héctor, dos profesionales que representan maneras distintas de afrontar su trabajo: ella se implica en las historias personales, él se aferra a los criterios médicos y los protocolos. Entre la empatía y la distancia profesional, la serie plantea una cuestión que no tiene una respuesta sencilla: cómo acompañar a quienes desean ser padres sin alimentar falsas expectativas ni olvidar que, detrás de cada tratamiento, hay una persona que espera. Y, sobre todo, cuándo merece la pena seguir intentándolo y cuándo ha llegado el momento de parar.

Fuente: ABC

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