Aves que se convierten en cócteles Molotov: el peligro de los incendios causados por pájaros electrocutados

Son una causa infravalorada, pero buitres, águilas o urracas caen en llamas al suelo reseco, en ocasiones iniciando fuegos

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Las aves también pueden ser la chispa que inicie un incendio forestal. El año pasado un buitre leonado que colisionó contra un tendido acabó en un fuego que arrasó 700 hectáreas en Alburquerque (Badajoz), por ejemplo. En Chile fue peor. Dos buitres causaron el mayor incendio urbano en la historia del país, con 2.900 viviendas destruidas, 15 muertos y medio millar de heridos en 2014.

Son solo dos ejemplos de un incidente que se repite cada año. En España se estima que los incendios provocados por aves son el 2,4% del total de los fuegos vinculados a tendidos eléctricos. Buitres, águilas o urracas acaban, literalmente, en llamas. Colisionan o se posan sobre la línea eléctrica y, si hay un cortocircuito, su plumaje acaba envuelto en fuego.

Cuando caen al suelo reseco y con maleza habitual del verano y del inicio del otoño, pueden producir un incendio.

España tiene 800.000 km de líneas eléctricas y, aunque han empezado a repararse para reducir la mortalidad de la fauna, la mayoría siguen siendo peligrosas para las aves. «Es un porcentaje muy alto. Hay más tendidos peligrosos de los que no», explica Juan Manuel Pérez-García, coautor del estudio ‘Los incendios forestales como efecto colateral de la electrocución de la vida silvestre: una perspectiva económica’. El grupo de investigadores analizó trece años de fuego (de 2000 a 2012) y su conclusión fue clara: las aves son una causa infravalorada de incendios. El impacto económico en ese periodo osciló entre los 7,6 y los 12,4 millones de euros.

«Es una cosa que puede ser más recurrente en el tiempo y por eso hay que estar atentos», corrobora Antoni Margalida, científico titular del CSIC en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC).

Precisamente en Estados Unidos, el Boletín de la Sociedad de Vida Silvestre acaba de publica un estudio sobre los incendios forestales iniciados por la avifauna, recoge Science. Allí, solo entre 2014 y 2018 se han producido al menos 44. En Idaho, por ejemplo, en 2015 se quemaron más de 4.000 hectáreas, un área casi doce veces más grande que Central Park.

En España, las zonas de pastizal, de matorral o cultivos como el trigo son las que mayor riesgo presentan, explica Pérez-García. Las zonas boscosas presentan menos riesgo, al ofrecer alternativas a las aves para descansar y rebajar, así, el peligro de electrocución.

«Pensamos que esto [incendios causados por aves] ha ocurrido siempre, pero no se había investigado», dice Pérez-García. Ahora, sin embargo, el creciente interés científico y social está traduciéndose en un aumento de la normativa para mejorar los tendidos y en una «mayor presión a las eléctricas y administraciones» para corrijan los tendidos, dice el investigador. «Eso hará que se reduzcan las electrocuciones y los potenciales incendios».

Fuente: ABC

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