Los dos primeros conceptos se entremezclan en su significado y durante esta coyuntura de precampañas, combinada con el mes patrio, se han vertido en todos los discursos. Pero, en los tiempos actuales, la autosuficiencia es determinante de todos los demás.
Ciertamente somos un país en todo lo que implica, pero ello no nos hace soberanos; tan sólo veamos ¿qué pasaría si el troglodita de Trump nos cierra la llave de la importación de granos?
A pesar de que se ha hablado mucho de la autosuficiencia, nuestro país no tiene políticas públicas que apunten a ello, más bien, ha resultado lo contrario. De ser centro de origen del maíz, nos convertimos en los principales importadores; de haber ocupado el tercer lugar en producción de café, ahora importamos la mayor parte del consumo, cafés inferiores que la Nestlé procesa para hacernos consumir café soluble; son sólo dos ejemplos de la vida diaria.
Hay programas, sí, hasta elevados a rango constitucional: Sembrando Vida, Producción para el Bienestar, Precios de Garantía y Fertilizantes, pero, además de que no articulan cada uno su cadena de valor, aparecen descoordinados entre sí, y al final no es posible derivar en metas precisas para el sector productivo de manera integral; deben ser evaluados.
Es bueno hacer comparativos como para mirarnos en el espejo. China es un país de más de mil 400 millones de habitantes y 108 millones de hectáreas de superficie productiva. México tiene 134 millones de habitantes y cerca de 25 millones de hectáreas de superficie productiva. Pero China es prácticamente autosuficiente y nuestro país importa su comida básica.
Aparte de la eficiencia y organización, ellos priorizan la planeación y la definición de metas cada cinco años. En 1952, el presidente Mao Tse-tung vaticinó que se necesitarían 15 planes quinquenales para superar a Estados Unidos en producción, y en este 2026 arrancó el 15 plan quinquenal y China ya superó a Estados Unidos.
La planeación china es precisa y hasta romántica. La agricultura es un rubro fundamental en la planeación nacional: “La modernización agrícola y rural concierne a la situación general y calidad de la modernización china. Con atenimiento a que se tenga como la mayor de las prioridades la debida resolución de los problemas relativos a los ‘tres pilares del agro’ (la agricultura, el campo y el campesinado), promoveremos el desarrollo integrado urbanorural, haremos constante consolidación y ampliación de los logros del acometimiento de lo más duro en la liberación de la pobreza y propulsaremos que las zonas rurales reúnan en lo básico condiciones de vida moderna, acelerando así la construcción de un país fuerte en agricultura”.
Los tres objetivos estratégicos son:
- Elevación de la capacidad productiva integral, calidad y rentabilidad de la agricultura.
- Impulso de la conformación de un agro adecuado a la vida y al trabajo, armonioso y hermoso.
- Elevación de la eficiencia de las políticas encaminadas a fortalecer la base agrícola, facilitar el desarrollo rural y fomentar una vida campesina próspera.
Pero, además, el gobierno chino sí le mete presupuesto.
Según el Documento Central número 1 de 2026 de China, el dinero público se está invirtiendo prioritariamente en garantía de seguridad alimentaria, mantener de forma vinculante la capacidad de producción de granos, tecnología agrícola y automatización, y subsidios de cobertura total, entre otros.
Para 2026, el año que inaugura su 15 Plan Quinquenal (2026-2030), enfocado en la modernización agrícola y la seguridad alimentaria, el presupuesto general de gastos del gobierno central de China asciende a 4.3 billones de dólares. De ello, entre 8 y 10 por ciento se dedica al desarrollo de la agricultura, es decir, 7.74 billones de pesos mexicanos, muy cerca del presupuesto total que México tendrá para 2027 (10 billones 636 mil 488.1 millones de pesos, de los cuales para la agricultura se dedica 1.13 por ciento).
Ciertamente, contamos con el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030, el que contiene cuatro objetivos estratégicos bastantes generales. La Sader tiene que revisar sus planes y apuntar de manera prioritaria a la autosuficiencia. Pero, sobre todo, hacer una planeación multianual y abordar de manera integral y sustentable considerando sus desigualdades, desde luego, con la participación real de los actores.
Fuente: lajornada








