Líbano y Palestina a la deriva

Francia está imposibilitada para actuar, ante las enormes fracturas que atraviesan a la sociedad y la brecha creciente entre ésta y la clase política

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Dos de los principales titulares de estos días han sido las elecciones en Francia y la agravación de la violencia en el frente israelí-libanés. Ambos eventos confirman las reconfiguraciones de la geopolítica en Medio Oriente, que la cuestión palestina sigue provocando.

La presión política y pública en Israel para lanzar una ofensiva total contra Líbano, y no sólo contra Hezbolá, crece. Por su parte, el secretario general del grupo libanés Hezbolá, Hassan Nasrallah, quiere seguir dictando la política libanesa y controlar los centros de poder económico y militar del país, al tiempo que vincula la continuación del conflicto con Israel a la suerte de Palestina.

La premisa del trabajo de Hochstein es que tan pronto como terminen los combates en Gaza, también acabarán en Líbano.

En Francia, los cambios políticos y lo que puede suceder después de las elecciones del próximo mes son de gran preocupación para los judíos locales. Éstos, así como el tema del antisemitismo e Israel, fueron centrales en la campaña electoral francesa de la semana pasada, con funcionarios de todos los partidos haciendo referencia a ellos constantemente.

Esto no sorprende, ya que a lo largo de los últimos años el gobierno del presidente Emanuel Macron en particular ha dicho en numerosas ocasiones que las acciones de Hamas se explican por algún supuesto encono contra los judíos.

Asimismo, ha reducido a los manifestantes pro-Palestina como simpatizantes de Hamas y equipara el antisionismo con el antisemitismo.

Para Estados Unidos y Francia, Palestina y la suerte de Líbano es una cuestión de política interna. Incluso si se logra un alto el fuego en Gaza y Hezbolá cumple con el supuesto de que también dejará de disparar, todavía no se ha acordado un plan para retirar sus fuerzas de la región fronteriza, desmantelar sus bases cerca de la frontera y asegurar su consentimiento para permitir que una fuerza internacional –con o sin el Ejército libanés– se despliegue a lo largo de la frontera.

Por ello, es que la situación actual exige de la administración estadounidense un esfuerzo monumental, después de tantos meses, por no decir décadas, en las que los gobiernos tanto del presidente Joe Biden como los de sus antecesores, permitieran que la situación se envenenara y empantanara, y se concretara en un escenario en el que los palestinos y libaneses no han dejado de padecer el recrudecimiento de la violencia incesante de Israel, su Ejército (y sus colonos, en el caso de Cisjordania).

Por otro lado, aunque París, a diferencia de Estados Unidos, mantiene vínculos directos con altos funcionarios de Hezbolá, Francia está imposibilitada para actuar, ante las enormes fracturas que atraviesan a la sociedad y la brecha creciente entre ésta y la clase política.

Por su parte, la actual visita de Hochstein también probablemente terminará sin una solución inmediata.

POR MARTA TAWIL

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