La transmisión derivada del turismo pone en alerta a los epidemiólogos

Los expertos debaten sobre la mejor manera de controlar y reducir la inevitable llegada de infectados

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La reactivación del turismo ha puesto en alerta a los epidemiólogos pues la llegada de viajeros del extranjero supone un riesgo irremediable para el control de la transmisión del coronavirus. Así lo aseguró antes de la apertura de fronteras el director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón: «Los casos importados van a entrar y no se van a poder evitar». Siendo esta la cruda realidad, nadie duda de que restringir los viajes pondría en jaque al principal sector económico en España, un país donde el turismo en 2019 aportó el 14,6% del PIB, dio empleo a 2,8 millones de trabajadores y recibió a 83,7 millones de personas. Así, igual que la llegada de viajeros supone una bocanada

 de aire para un sector que llegó a temerse un verano en blanco, se ha instalado el miedo a los casos importados y al repunte, que ya empieza a ser un hecho, por la capacidad de circulación del coronavirus.

Por eso, el pasado jueves, por primera vez y tras haberlo descartado por completo antes de la apertura del pasado 21 de junio, el Gobierno reculaba: España ya sopesa plantear hacer pruebas PCR a viajeros procedentes de países con muy alto riesgo antes de que tomen un vuelo, expuso Simón.

«Desde el punto de vista epidemiológico, aumentar las probabilidades de contacto social se va a traducir en un aumento de la transmisión. La clave está en si los países, con sus sistemas de vigilancia, van a ser capaces de mantener unos niveles aceptables, pero abrir las fronteras va a aumentar la transmisión seguro», asegura Pere Godoy, presidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE). En este sentido, cabe recordar que la UE restableció el espacio Schengen el 21 de junio y acordó reabrir sus fronteras a otros 15 países el pasado 1 de julio (aunque tres de ellos, Marruecos, Argelia y China, con reciprocidad, algo que no se ha logrado todavía). Aquel día, los aeropuertos españoles recibieron 1.482 vuelos, lejos de los 6.500 de 2019. Aun así, con las fronteras aún cerradas, España notificó más de 50 casos importados solo entre los días 22 al 28 de junio.

Control de los viajeros

Con objeto de mitigar la posible llegada de contagios, el Gobierno de España ha implementado una serie de medidas como un formulario de control sanitario para los turistas -conocido como Passenger Location Card (PLC)- o controles de temperatura y visuales en los aeropuertos. Para llevar a cabo estas labores, se han sumado 650 profesionales a los 600 que ya estaban trabajando en Sanidad Exterior. No obstante, por el momento se ha descartado hacer una PCR a todos los viajeros, una medida que logísticamente sería inviable, pero que, en palabras de Simón, supondría tener «problemas económicos y sanitarios», además de que traería consigo una sensación de «falsa seguridad».

Estanislao Nistal es profesor de Microbiología de la Universidad CEU San Pablo y discrepa en este asunto. En su opinión, se ha tenido tiempo suficiente para haberlo preparado antes: «Lo ideal sería tener un sistema de diagnóstico mediante RT-PCR; una prueba antes de montar al avión y otra días después. Hay muchos más agentes que pueden hacer una PCR: se podría involucrar a empresas, potenciar el sector y abrirlo más para aumentar la capacidad». El doctor Gabriel Reina, especialista en Microbiología de la Clínica Universidad de Navarra, coincide en que este tipo de controles «darían un plus de seguridad». El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) no contempla en su guía para vuelos seguros efectuar PCR en aeropuertos de destino. Es el debate que vendrá después del que aconteció sobre la apertura de fronteras, advierten los especialistas.

No obstante, existe una alternativa a las PCR individuales: los llamados «pool testing» o pruebas grupales. Godoy desconfía de su utilidad, no así Nistal y Reina: «Son más fáciles y baratos. Lo he hablado con colegas y sería interesante de cara a aumentar nuestra capacidad de diagnóstico», dice Godoy. «Es una propuesta ingeniosa que permite multiplicar por 5 o 10 el modelo de vigilancia», subraya el segundo.

Evaluar el riesgo

Existen varias fórmulas a la hora de valorar la situación del Covid-19 en un lugar y medir el riesgo de recibir turistas de allí, lo que generó un intenso debate en Bruselas a la hora de abrir o no según qué fronteras. Se tuvieron en cuenta, entre otras cosas, la evolución epidémica y la capacidad de vigilancia de cada territorio, estableciendo a 15 países como seguros, si bien se aceptó la entrada de viajeros de Serbia o Suecia, cuya situación es alarmante y sus parámetros, peores que los de la media de la UE. «Es esencial que los países con los que se establece un acuerdo de entrada tengan una situación igual o mejor que la nuestra. Tener un buen sistema de vigilancia nos asegura que los datos que aportan son correctos», subraya Reina. «Todos tenemos que estar en el mismo rango de diagnóstico e interpretación», opina Nistal, y añade: «Sigue habiendo tránsito con países de Latinoamérica».

De este modo, analizando la tasa acumulada de nuevos casos en los últimos 14 días por cada 100.000 habitantes y los test realizados por millón de personas, puede intuirse en qué momento está la curva epidémica en un país. Según estos valores, en España los últimos rebrotes han empeorado la situación. «Dado que la tasa de transmisión –personas de media a las que contagia un infectado– es inferior a uno en casi todos los sitios, te expones igual con un español que con un francés. La infección es más o menos la misma. Sigue habiendo riesgo, pero la economía ha de seguir. Lo que está claro es que cuando incrementas el tránsito aumenta el rango de acción de quienes están contagiados», asegura Nistal.

Con las fronteras abiertas y numerosos rebrotes detectados -ya son más de 70-, la incertidumbre, en cambio, no termina de disiparse, y es posible que no lo haga hasta que exista una vacuna: «Durante el verano veremos cómo evolucionamos, si realmente mantenemos la transmisión en niveles bajos y podemos llegar a otoño en una situación aceptable. Pero el virus se está transmitiendo y tenemos brotes. Estamos en una situación de riesgo, pero la percepción de ese riesgo por la sociedad se pasa muy rápido», dice Godoy. «Los sucesivos rebrotes nos recuerdan que el virus sigue circulando en el ambiente y no hace falta que llegue del exterior. Por ello, tanto los ciudadanos españoles como los turistas deben poner el mayor interés en no favorecer la transmisión», advierte Reina.

Fuente: ABC

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