Mentalidad ganadora o perdedora: cómo saber cuál es la tuya

La psicóloga Laura Moratalla revela cómo distinguir a los que suelen ver oportunidades donde otros solo ven problemas y dificultades

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«Los ganadores en la vida piensan constantemente en términos de ‘Yo puedo’, ‘Yo quiero’ y ‘Yo soy’. Los perdedores, por otro lado, concentran sus pensamientos todo el día en lo que deberían haber hecho o en lo que no hicieron». Esta frase de Denis Waitley, orador motivacional, consultor y autor del best-seller «Semillas de grandeza» recoge la esencia de la mentalidad ganadora.

De hecho, el pensamiento ganador es, tal como define la psicóloga Laura Moratalla, colaboradora de mundopsicologos.com, aquel que permite ver oportunidades donde otros ven dificultades. Este pensamiento se caracteriza, por tanto, por ser una actitud hacia la vida que incluye tomarse los problemas como retos, confiar en uno mismo, no temer al fracaso, buscar soluciones, probar y si no se acierta probar de otra manera; aprender de los errores y mantener la motivación suficiente para lograr aquello que se desea.

La cuestión es que rara vez sabemos con certeza cuál será el resultado de nuestras acciones, y, puesto que, esto forma parte de la dinámica de la vida, siempre será mejor, según aconseja Moratalla, afrontar los objetivos con un pensamiento ganador, puesto que éste incrementa las posibilidades de éxito exponencialmente.

¿Existe el pensamiento «perdedor»?

Lo contrario de la mentalidad ganadora es el pensamiento perdedor, que está caracterizado por fijarse en las dificultades, no confiar en uno mismo, dejarse limitar por pensamientos negativos y por perder la motivación a la mínima dificultad. «Estas personas se toman los errores como una señal inequívoca de que no pueden llevar a cabo aquello que desean», asegura la psicóloga.

Además en las personas con esta mentalidad existen una serie de creencias limitantes que, según precisa Moratalla, podríamos encajar dentro del concepto de «profecía autocumplida», que implica que si creemos que no podemos conseguir algo, no lo lograremos. «Al creer que no podemos llevar a cabo algo, nuestra forma de actuar irá en esa línea y no utilizaremos todos los recursos necesarios, obteniendo así un resultado negativo con respecto al objetivo, pero que concuerda con esa forma de afrontamiento que se ha puesto en marcha», argumenta.

7 claves del pensamiento perdedor

  • 1. Son personas que raramente se ponen objetivos. O si se los proponen los abandonan al poco tiempo, sin haber avanzado.
  • 2. Suelen ser pesimistas y se centran mucho en los problemas y poco en buscar soluciones.
  • 3. Pueden presentar una autoestima poco saludable y un pobre autoconcepto, así como una visión negativa sobre el mundo.
  • 4. A veces, de manera consciente o inconsciente, limitan el avance de personas de su entorno, pues en cierta manera les incomoda que los demás crezcan mientras ellos permanecen estancados.
  • 5. Pueden utilizar frases del tipo «es que yo soy así», «para qué lo voy a intentar, si es imposible» o «prefiero lo que ya conozco».
  • 6. Procrastinan continuamente en aquello que han de realizar.
  • 7. Algunos tienen hábitos poco saludables (vida sedentaria, fumar, beber, abusar de la televisión…). Están pendientes continuamente de las noticias y se dejan llevar por el pesimismo.

Es posible que tras un pensamiento perdedor se esconda un miedo a la incertidumbre o a lo desconocido. Pero cuando su decisión de no plantearse objetivos parte de una actitud negativa hacia el cambio y no de una decisión firme de quedarse como está, puede suponer un problema, pues en algún momento se dará cuenta de que se está limitando y puede sentirse frustrada por ello.

También puede partir de alguna experiencia pasada en la que no se logró lo que se deseaba y eso pudo llegar a generar en la persona, según explica la experta de mundopsicologos.com una desconfianza en sus capacidades y una huida de esos sentimientos a los que se enfrentó en el pasado.

La educación recibida también puede desencadenar la mentalidad perdedora. Por un lado, una educación demasiado permisiva en la que la persona no se expone a la frustración, genera una muy baja tolerancia a la frustración, por lo que la persona rara vez se expone a situaciones que le puedan llevar a este sentimiento. Y por otro, una educación en la que no se haya reforzado a la persona y únicamente se le hayan señalado aquellas cosas en las que se ha equivocado, también aumenta la posibilidad de desarrollar un pensamiento «perdedor».

Por qué influye la mentalidad en el éxito

Tener un pensamiento ganador predispone a buscar opcionesoportunidades soluciones para aquello que se desea, además de que permite mantenerse motivado para seguir en acción hasta la consecución de lo que se persigue. «Este pensamiento te posibilita el hecho de buscar alternativas si te encuentras con alguna dificultad, lo cual resulta muy beneficioso, puesto que la persona no desiste ante los contratiempos, sino que aprende de ellos», aclara Moratalla.

Además, se ha comprobado científicamente que mantener un pensamiento positivo tiene un efecto transformador en las cadenas neuronales del cerebro. Por ejemplo, un estudio reciente llevado a cabo por investigadores de Estados Unidos, Francia y España reportó evidencia científica de que la practica intensiva de atención plena («mindfulness») y pensamiento positivo producía una reducción de los genes que promueven las inflamaciones y aumentaba la habilidad para recuperarse más rápidamente ante situaciones estresantes.

Pero no vale con «pensar»

Mantener un pensamiento ganador carece de sentido si no está acompañado de acción. Y esto nos lleva ineludiblemente a que lo primero y más importante es evitar la procrastinación. «Hay quienes esperan al momento perfecto para tomar acción, y es básico tener en cuenta que el momento perfecto difícilmente se presenta, siempre existe algo que puede hacer que lo dejemos para otro momento. Por ello, por pequeño que sea, hay que dar un paso diario hacia aquello que se quiere», propone la psicóloga.

Una pauta fundamental para todo objetivo es que este ha de ser relevante para nosotros, puesto que aquello que es importante para nuestra vida es lo que realmente hace que nos mantengamos motivados.

El hecho de marcar plazos temporales también va en la línea de mantenerse en acción. Estos plazos han de ser estudiados, de manera que mantengan en acción a la persona, pero que no sean demasiados exigentes, puesto que esto podría frustrarnos.

Cuando el objetivo es ambicioso y su ejecución conlleva un largo periodo de tiempo resulta beneficioso dividir el objetivo en pasos con sus correspondientes plazos temporales. «Este hecho hace que la persona se centre en los pasos a seguir y no en el objetivo final, puesto que a veces puede resultar abrumador. Además, al ir logrando los pasos marcados, será consciente de que está en el camino correcto, ganando confianza en sí mismo y motivación para seguir adelante», afirma.

Fuente: ABC

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