Las especies foráneas causan severas alteraciones en la biodiversidad local y en la red de polinizadores; indican.
La introducción de flora no nativa en zonas urbanas y costeras de la Península de Yucatán representa un riesgo constante para la infraestructura pública y la seguridad de la población durante la temporada de ciclones tropicales, por lo que es importante que la ciudadanía cuente con la información de las especies que siembra en sus hogares.
La combinación entre las características del suelo regional y la fragilidad biomecánica de ciertas plantas exóticas multiplica los colapsos de arbolado, interrupciones en el suministro eléctrico y bloqueos en vialidades primarias tras el embate de rachas de viento superiores a los cien kilómetros por hora, advirtió la bióloga Yosari Monserrat Ramos.
La especialista enfocada en programas de educación ambiental explicó que la principal problemática con las especies ornamentales más populares, como el flamboyán, la almendra o la lluvia de oro, radica en su falta de adaptación biomecánica al sustrato regional.
“Son como las más populares porque son principalmente ornamentales, pero son introducidas. Entonces, ¿qué es lo que pasa o cuál es el daño? Que estas plantas al ser introducidas, sus raíces no están adaptadas para agarrarse como debieran ser del suelo. Entonces, ante una inclemencia climática, por ejemplo, estoy hablando de una lluvia torrencial fuerte, un huracán, las primeras que se caen o sufren afectaciones son ese tipo de plantas porque esas raíces no están bien adheridas al suelo”, precisó Ramos.
Frente a la vulnerabilidad de las variedades introducidas, la bióloga destacó las propiedades anatómicas del arbolado autóctono, como el balché, el xhol o el chaká, las cuales poseen estructuras radiculares que les permiten fijarse firmemente a la capa lajosa del terreno peninsular.
“Hay unas especies de plantas que se les dice que tienen su raíz pivotante, que quiere decir que su raíz va hacia abajo. Entonces ellas ya están más aptas para el tipo de suelo que tenemos y poder perforar, agarrarse y sostenerse”, detalló.
Además del peligro estructural que implican durante fenómenos meteorológicos extremos, las especies foráneas causan severas alteraciones en la biodiversidad local y en la red de polinizadores.
La entrevistada citó el caso del tulipán africano como un ejemplo de árbol ornamental vistoso que genera un impacto negativo inadvertido en la fauna endémica. “El tulipán africano es otra especie igual, muy vistosa por su ornamenta, pero su néctar puede resultar tóxico para las abejas. Entonces son desórdenes que causamos. Yo siempre digo, el medio ambiente son como piezas de ajedrez que están perfectamente enfiladas, y si tú alteras una o mueves otras, puedes desencadenar un efecto en cadena que termina afectando más fuertemente al medio ambiente”, puntualizó.
Finalmente, la coordinadora enfatizó que la falta de conciencia ciudadana responde a la desinformación sobre el origen de la flora que se siembra en los hogares, por lo que urgió a promover la educación ambiental y el uso de plantas nativas para mitigar riesgos urbanos y ecológicos.
“Es el desconocimiento y el poder venir y compartirles esta información creo que es la mejor labor que podemos hacer para llegar a más personas. Mientras más gente lleguemos, más impacto positivo podemos hacer entre todos y todas”, concluyó.
Fuente: SIPSE








