La Organización Internacional para las Migraciones alerta de que miles de personas son captadas con promesas de trabajo en el extranjero y terminan retenidas en centros de estafas digitales, donde son obligadas a cometer fraudes bajo amenazas, violencia y torturas.
Las falsas ofertas de empleo difundidas a través de internet se han convertido en una de las principales herramientas utilizadas por las redes de trata de personas.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha advertido de que esta modalidad criminal es una de las que más rápido está creciendo a nivel mundial y ya afecta a víctimas procedentes de más de 80 países.
Según explica el organismo internacional, los delincuentes publican supuestas ofertas laborales en redes sociales o plataformas de empleo para atraer a personas que buscan oportunidades fuera de sus países.
Una vez aceptan el trabajo y viajan al extranjero, descubren que todo era un engaño. Sus pasaportes son confiscados y quedan retenidos en complejos donde son obligados a participar en estafas por internet.
Lejos de desempeñar el empleo prometido, las víctimas son sometidas a vigilancia constante, amenazas, agresiones físicas e incluso torturas para que colaboren en fraudes digitales dirigidos a ciudadanos de todo el mundo.
La OIM denuncia que muchas de estas personas también sufren abusos sexuales, aislamiento, privación de alimentos y endeudamiento forzado.
La directora general de la organización ha subrayado que quienes son obligados a participar en estos delitos deben ser considerados víctimas de trata y no delincuentes.
A su juicio, muchas personas son forzadas mediante violencia y coacción a cometer fraudes sin posibilidad de escapar.
El problema no solo afecta a quienes caen en la red. La organización explica que numerosas familias venden propiedades o solicitan préstamos para costear el viaje de un familiar convencidas de que encontrará un empleo legítimo.
Cuando descubren que ha sido secuestrado por estas organizaciones criminales, muchas vuelven a endeudarse para intentar pagar un rescate.
La OIM señala que esta industria mueve miles de millones de euros cada año. Solo en Asia Oriental, el Sudeste Asiático, Australia y Nueva Zelanda, las pérdidas ocasionadas por las estafas en línea durante 2025 se estiman entre 88.300 y 114.100 millones de dólares, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
Se calcula que alrededor de 300.000 personas trabajan actualmente en estos centros de estafas repartidos por distintos países del Sudeste Asiático, aunque la organización advierte de que una parte importante permanece allí contra su voluntad.
Las redes criminales buscan perfiles muy concretos. Suelen captar a personas con estudios superiores, conocimientos de inglés y habilidades digitales, especialmente en países donde el desempleo juvenil es elevado y las oportunidades laborales son limitadas.
También aprovechan que muchas de las víctimas viajan con visados de turista, lo que dificulta detectar el fraude antes de su llegada.
Aunque esta modalidad surgió principalmente en Asia, la OIM alerta de que ya se ha extendido a otras regiones gracias al alcance de las redes sociales y a la facilidad con la que las organizaciones criminales operan de forma transnacional.
Entre 2022 y 2025, la organización asistió a más de 3.500 víctimas de trata relacionadas con este tipo de criminalidad forzada en el Sudeste Asiático.
Muchas de ellas regresaron a sus países profundamente traumatizadas, sin recursos económicos y con importantes deudas acumuladas durante su cautiverio.
Con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas, que se conmemora el 30 de julio, la OIM reclama reforzar la cooperación internacional para perseguir a estas organizaciones, mejorar la identificación de las víctimas y alertar a la ciudadanía sobre los riesgos de aceptar ofertas de empleo en el extranjero sin comprobar previamente su autenticidad.
Fuente: estrelladigital








