PONLE NOMBRE MAESTRO

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El nivel educativo en México, como bien es sabido sufre de serios problemas que se han venido acrecentando a través del tiempo, pues si bien es cierto que con la creación de la Secretaria de Educación Pública en el año de 1921, siendo su primer titular el Licenciado José Vasconcelos Calderón, se le dio un importante auge a las escuelas rurales y urbanas en los niveles de primaria y secundaria, uno de los pendientes desde ese momento fue el sector indígena.

Más adelante, para ser exactos en el año de 1923, siendo funcionario de la recientemente creada institución encargada de la educación en México y además catedrático de la Escuela Normal Primaria, el nacido en Las Vigas Veracruz; Rafel Ramírez Castañeda, planteo un nuevo sistema educativo que tenía como propósito el fomento a la educación en las zonas rurales indígenas del territorio nacional, pues se dio cuenta de las penurias en las que vivía la gente del campo ( y que a la fecha sigue viviendo), y apoyándose en el pensamiento de pedagogías y pedagogos de otros países, ideó todo un sistema que se denominó, Escuela Rural Mexicana, con una visión revolucionaria que exigía la liberación del pueblo, recién salido de la triunfante de la Revolución.

En ésta etapa de la historia de la educación, que sin duda representó un momento de lucidez intelectual, progresista, democrática y desde luego de progreso social, a la escuela no se le veía como simple sitio o lugar a donde se debiera asistir a adquirir conocimientos, sino que se le bautizó, a cada plantel educativo como “ la casa del pueblo”, y ahí acudían, niños y adultos, con el firme propósito de adquirir un aprendizaje útil, de tal suerte que se mejoran las condiciones de vida de los habitantes de aquel tiempo.

El territorio nacional fue teniendo una cobertura educativa con “las casas del pueblo”, que de hecho construían los propios habitantes de las comunidades, lo que nos indica el sentido de pertenencia y cuidado que puede tener lo que uno mismo hace y por lo tanto, uno mismo cuida, protege y desea que crezca. En este trayecto, participaron los maestros Moisés Sáenz y Narciso Bassols, entre algunos otros, que coincidían en la necesidad de lograr el progreso nacional desde la educación que integrara a los campesinos, y es posiblemente, lo que quede en letra muerta aún en la Constitución, que al referirse a la educación democrática, dice que debe ser un sistema de vida basada en el constante mejoramiento económico, político y social del pueblo.

Para la etapa a la que hago referencia, fue suficiente la vocación educativa, el amor a los mexicanos y la conciencia de levantar a un pueblo que sufría de la terrible ignorancia y sus consecuencias, así mismo creció la literatura mexicana que abonó a la causa, con hermosas novelas, cuentos, leyendas, mitos y demás textos que hicieron que surgiera un erguido espíritu nacional, sin embargo al paso del tiempo, las ganas se fueron acabando, los sindicatos que de origen tuvieron una legitima exigencia se dejaron corromper por beneficios personales, hasta llegar a las condiciones que tenemos en la actualidad.

Mucho se critica a los docentes, pero se nos olvida que son la Escuelas Normales Oficiales, que norma la Secretaria de Educación Pública, quienes les forman, o bien instancias publicas y privadas que ofertan las carreras a fin al magisterio, pero que operan bajo el permiso de las autoridades competentes, y que si se ha fallado en algún momento del proceso, ya sea desde el ingreso, durante la estancia educativa o a la conclusión de la carrera profesional, existe una omisión de alguna parte y de alguna área  que ha permitido que desafortunadamente tengamos, maestras y maestros, que no van a sus clases con el ánimo de que los escolapios, se formen con una visión humana y académica, pues se deja constantemente a un lado lo primero y se centran en la numerología o en la calificación, sin poner mayor interés, en inculcar competencias para la vida del hombre o la mujer, que siendo niño o joven saldrán a desempeñar una labor que no tiene nada que ver con un pago quincenal, sino con la satisfacción del deber cumplido de un guía, cuyo fin es hacer que prevalezca la paz y el bienestar, conforme el actuar y las aptitudes de cada ciudadano.

La nación exige de manera urgente, de maestros que sepan que no están dictando sólo lo que dice un texto, ni repitiendo lo que está escrito en un libro, sino que, se ha de apoyar en cuanto material físico y virtual exista, para asistir a la clase presencial o virtual, sabiendo que será ejemplo, y por lo tanto ha de cuidar de sí, alimentándose y retroalimentándose en cada momento, sin que nunca se acabe su preparación y de esa forma ser fuente de sabiduría, y eje rector para la formación de los mejores hombres y mujeres del presente y del futuro, considerando en todo momento que el alumno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquellos que tocaron sus sentimientos.

POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS

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