PRI: Manzana de la discordia

El presidente Andrés Manuel López Obrador sabe que no cuenta con los votos para aprobar sus propuestas de reformas constitucionales

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A principios de los años noventa, un profesor decía que en la política mexicana sólo había una certeza: “Que el PRI ganaba la Presidencia de la República”. Esto fue así, hasta el año 2000, cuando Vicente Fox derrotó a Francisco Labastida Ochoa en las elecciones presidenciales.

Momento fundamental de la transición a la democracia. Los ciudadanos que en estas semanas recibieron o están por recibir su segunda dosis de la vacuna contra el COVID-19 no vivieron la era priista.

Aquellos años del partido hegemónico y de las grandes concentraciones, el de los sectores campesino, obrero y popular. No padecieron las conferencias de Fidel Velázquez, ni vieron la disciplina partidaria y lealtad absoluta al Presidente de la República, que colindaban con la servidumbre medieval.

En 2012, cuando Enrique Peña Nieto ganó las elecciones y una nueva generación de priistas arribó al poder. En esos momentos de euforia, varios dijeron que el PRI había vuelto para quedarse por lo menos 20 años en la Presidencia.

No fue verdad.  Seis años y dos intentos después, Andrés Manuel López Obrador ganó la Presidencia.

No sólo fue el liderazgo de un hombre, sino la corrupción, la decepción y la falta de resultados del gobierno de Peña Nieto. Sobre todo, la sociedad cambió; existe una ciudadanía consciente de sus derechos y de su poder. Lo demostró en 2018 y también en 2021.

Ahora el PRI es la tercera fuerza en el Congreso de la Unión, sólo gobierna cuatro estados, está dividido y carece de liderazgos para competir por la Presidencia en la próxima elección.

Pese ha todo, de cara a la segunda mitad de este sexenio, el PRI se ha convertido en la manzana de la discordia en medio de la polarización política.

El Presidente sabe que no cuenta con los votos para aprobar sus propuestas de reformas constitucionales.

Tampoco quiere negociar, al menos no como se hacía antes, por ello, en su mañanera pidió a los priistas una definición respecto a su Reforma Energética.

El misil político presidencial tuvo efectos. Por una parte, el PAN y PRD reaccionaron como novias tóxicas y celosas; por la otra, al interior del PRI se avivaron las diferencias.

Desde fuera, la prioridad del PRI parece evidente: transitar el sexenio de López Obrador.

Para eso, los priistas tendrían que cumplir tres metas: conservar las cuatro gubernaturas que aún tienen, particularmente la del Estado de México; tener un candidato o precandidato  presidencial propio  y mantener la unidad, pese a que algunos se van a ir y otros ya se fueron aunque aún se llamen priistas.

La inmensa sede de Insurgentes Norte luce como lo que ahora es el PRI: un cascaron, habitado por recuerdos y fantasmas, que acumula basura y descuido.

Pronto lo podrían vender para construir una plaza comercial y mudarse a un edificio que no les quede grande. La política es de bronce.

Fuente: heraldodemexico

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