Investigadores de Johns Hopkins encontraron una asociación del 48 por ciento más de probabilidad de desarrollar la enfermedad entre quienes duermen durante el día.
Madrid.-Una nueva investigación de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos (EU), sugiere que la frecuencia, la intencionalidad y la duración de las siestas diurnas, habituales entre los adultos mayores, podrían estar relacionadas con el riesgo de desarrollar demencia.
El estudio, publicado en línea en la revista The Journals of Gerontology: Series A, dio seguimiento a 995 beneficiarios del programa Medicare de Estados Unidos, de 65 años o más, que no padecían demencia al inicio de la investigación, en 2013. Los participantes fueron monitoreados durante un periodo máximo de 10 años mediante datos del Estudio Nacional de Tendencias de Salud y Envejecimiento, una encuesta representativa a nivel nacional de adultos mayores.
Los investigadores descubrieron que los participantes que tomaban siestas con frecuencia, es decir, la mayoría de los días o todos los días, tenían un riesgo 48 por ciento mayor de desarrollar demencia en comparación con aquellos que rara vez o nunca dormían durante el día.
Esta asociación se mantuvo incluso después de considerar factores demográficos, condiciones de salud y características del sueño nocturno, como su duración, la somnolencia diurna y una medida del riesgo de apnea obstructiva del sueño.

Las siestas involuntarias, definidas como quedarse dormido sin proponérselo en lugar de planificar un descanso, se asociaron con un riesgo 39 por ciento mayor de demencia. Asimismo, las siestas de 30 minutos o menos se vincularon con un riesgo 40 por ciento mayor, una relación que se mantuvo incluso después de considerar diversos factores que podrían influir en los resultados. En cambio, la asociación con las siestas de más de 30 minutos se debilitó al tomar en cuenta las características del sueño nocturno.
«Las siestas más frecuentes podrían ser un indicador de cambios en el cerebro, en lugar de una causa de cambios cerebrales que conduzcan a la demencia», afirmó Adam Spira, autor principal del artículo y profesor del Departamento de Salud Mental de la Escuela Bloomberg.
Los investigadores señalaron una posible relación bidireccional entre las siestas y la demencia. Dormir durante el día podría representar un factor de riesgo para desarrollar esta enfermedad, mientras que la degeneración de las regiones cerebrales que ayudan a regular la vigilia, que puede ocurrir en las primeras etapas de la demencia, también podría provocar que las personas tomen siestas con mayor frecuencia.

Para analizar esta posibilidad, el equipo excluyó los casos de demencia diagnosticados durante los primeros cinco años de seguimiento y descubrió que las asociaciones con las siestas frecuentes e involuntarias seguían siendo similares. Esto respalda la idea de que los patrones de sueño diurno pueden presentarse mucho antes de un diagnóstico de demencia, en lugar de simplemente reflejar la presencia de la enfermedad.
«El seguimiento de los hábitos de siesta podría servir como un indicador temprano y accesible para ayudar a identificar a los adultos mayores con mayor riesgo de demencia y orientar las intervenciones específicas para la prevención de la demencia», señaló Kening Jiang, investigador posdoctoral del Departamento de Salud Mental de la Escuela Bloomberg y primer autor del artículo.
Investigaciones previas sobre la relación entre las siestas y el deterioro cognitivo han arrojado resultados contradictorios: algunos estudios vinculan los descansos más largos o frecuentes con un mayor riesgo de demencia, mientras que otros no encuentraron ninguna asociación o incluso sugieren posibles beneficios de las siestas cortas.

Los investigadores señalaron que las diferencias en el diseño de los estudios, como el uso de cuestionarios para conocer los hábitos de sueño o de dispositivos portátiles para medirlos, así como las actitudes culturales hacia las siestas en distintas regiones, podrían explicar estas inconsistencias.
Asimismo, advirtieron que los hallazgos son observacionales y no permiten establecer que las siestas causen demencia. El estudio se basó en los hábitos de sueño reportados por los propios participantes, que pueden estar sujetos a sesgos de memoria, mientras que la presencia de la enfermedad se determinó mediante un algoritmo de clasificación validado, en lugar de un diagnóstico clínico.
Por ello, los especialistas consideraron necesario realizar estudios a largo plazo que combinen mediciones detalladas y objetivas de las siestas diurnas y del sueño nocturno para esclarecer cómo se relacionan estos hábitos con el riesgo de desarrollar demencia, así como determinar si modificarlos podría ayudar a retrasar o prevenir la aparición de la enfermedad.
Fuente: sinembargo








