Obligar a los niños a comer, uno de los orígenes de los trastornos alimentarios

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La psicóloga Pilar Conde explica cómo abordar esta cuestión para evitar riesgos

Ha perdido peso de forma significativa. Está decaído, nervioso y se comporta de manera extraña en la mesa y después de comer. Compra demasiados dulces y chucherías para picar entre horas o ha dejado de consumir alimentos calóricos que antes le encantaban. Estos son algunos indicios que pueden hacerte sospechar que tu hijo está padeciendo un trastorno de la conducta alimentaria. Lo que debes hacer es actuar rápido, aunque sea para descartarlo, porque, si es verdad que existe dicho problema, es importantísimo evitar que se convierta en una conducta habitual y se cronifique.

Ahora bien, matiza la psicóloga Pilar Conde, puede suceder que una intervención familiar inicial, sin la asesoría de un experto, resulte contraproducente, ya que es habitual que al plantear el tema en casa se produzcan situaciones conflictivas, sobre todo, con adolescentes.

Lo correcto en estos casos es buscar primero la asesoría médica y después, conjuntamente, si es posible, abordar el problema con un equipo interdisciplinar nutricionista-psicólogo.

No es, ni mucho menos, un camino fácil. Es un proceso duro y largo, porque, tal como explica directora técnica de Clínicas Origen, no sólo se trata de modificar los hábitos de alimentación que están perjudicando su salud de manera muy grave. El problema tiene una raíz emocional y psicológica que hay que abordar.

La clave es encontrar el origen del trastorno y de qué manera lo está manteniendo la persona. El enfoque puede hacerse desde la identificación de los sentimientos y los pensamientos que le han llevado a los desajustes en su manera de relacionarse con la comida y con su imagen corporal. También mediante la toma de conciencia de su manera de comportarse y de hacia dónde le conduce.

Esa reestructuración cognitiva se complementa enseñando al paciente a identificar los distintos tipos de hambre y orientándole hacia técnicas que le ayuden en su lucha contra la enfermedad. El mindfull eating, comer siendo conscientes de qué ingerimos y de qué manera lo estamos haciendo, es una de ellas.

En casa, la labor debe centrarse en la elaboración de menús saludables. Los productos hipercalóricos que puedan dar lugar a atracones deben ser eliminados de la lista de la compra. También es relevante que se mantengan unas pautas de horarios en las comidas y que se elimine la posibilidad de comer en el sofá, en bandejas, y de picar entre horas.

Con respecto a la conveniencia de que el joven o adolescente afectado haga público su problema en su entorno cercano, dependerá de cómo quiera afrontarlo, en base a sus creencias y valores, aclara Pilar Conde. «Es un tema que se suele abordar en terapia y es el paciente quien decide como gestionarlo».

Autoestima

La autoestima, tanto en los problemas de sobrepeso como de infrapeso, es clave en este asunto, como lo es en todo el desarrollo psicológico y emocional de niños y adolescentes. Este último grupo es uno de los más afectados por los denominados TCA —anorexia, bulimia, trastorno por atracón, trastorno por evitación y vigorexia —, y durante la pandemia ha visto aumentar su incidencia, a la vez que disminuía la edad de los afectados.

El aislamiento físico que supuso el confinamiento trajo consigo un incremento notable de los niveles de ansiedad y estrés en toda la población, pero de manera específica en los adolescentes y los jóvenes. Algunos expertos suman a este factor la realización de ejercicio de manera intensiva durante a través de tutoriales on line o el seguimiento de dietas en las redes sociales.

Estos pueden haber sido factores desencadenantes, pero el origen puede estar en una mala regulación de los estados emocionales desde la propia niñez. En este caso, a través de la comida. Por eso, explican desde esta red de clínicas, es importante que en nuestro aprendizaje y desarrollo personal se incluya la capacidad introspectiva, con el fin de conocer qué hay tras nuestras conductas.

Obligar a un niño a comer si no tiene ganas o no le gusta la comida pueda ser uno de los orígenes de la bulimia, la anorexia o sobrepeso. Aunque no es un factor determinante, aclara Conde, debe ser considerado porque en la infancia se comienzan a forjar los primeros hábitos de alimentación.

En este sentido, los padres deben saber que no es bueno que el niño deje el plato vacío en contra de sus deseos y de su apetito. Lo óptimo es que deje de comer cuando se sienta saciado.

Tampoco se deberá ser muy permisivo en cuanto a la ingesta de chucherías, bollos, helados y, en definitiva, todo lo que les encanta, pero resulta malo para la salud si lo consumen en exceso. «Es necesario inculcar una alimentación saludable, tanto en productos como en número de veces y ahí si que el menor podrá relacionarse de manera adecuada con las sensaciones de su cuerpo».

Por último, mucho cuidado, si las dietas entran en la vida de tu hijo, si no es por motivos de salud, en casos de sobrepeso y obesidad. Son un indicio claro de descontento con la imagen corporal y un peligro de que un trastorno de la conducta alimentaria ha entrado o está a punto de entrar en su vida.

Por: ABC Familia

fuente: https://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-obligar-ninos-comer-origenes-trastornos-alimentarios-202111100114_noticia.html

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