El secreto del éxito de Taiwán contra el coronavirus: no creer a China

Sin parar la economía ni confinamientos, la isla ha atajado la epidemia por imponer controles desde primera hora

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Con solo 442 contagiados y siete fallecidos, Taiwán es uno de los países que mejor ha combatido al coronavirus. Con ventaja por ser una isla, su mérito es doble por su cercanía y estrechos contactos con China continental, donde estalló la pandemia entre diciembre y enero en Wuhan. Una ciudad que, para colmo, tenía cada semana 16 vuelos directos con Taiwán. ¿Cómo lograron entonces parar el virus? Hay varias razones, pero la principal es muy sencilla: no creyendo la información de China.

Ausente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) porque Pekín reclama su soberanía, la democrática Taiwán sobrevive fuera de la ONU y otros organismos internacionales. Tras la epidemia del SARS (síndrome respiratorio agudo grave), que también se originó en China y dejó 346 contagiados y 73 fallecidos en la isla entre 2002 y 2003, las autoridades establecieron un sistema informático para vigilar todo lo que aparecía en el continente sobre epidemias. Debido al riesgo de zoonosis en China y el Sudeste Asiático, donde proliferan las infecciones de animales a personas por su estrecha convivencia sin las adecuadas condiciones higiénicas, Taiwán dispone de una oficina de Inteligencia Epidemiológica con 30 inspectores recogiendo información de internet, tanto de medios como redes.

Dicho departamento detectó en diciembre los rumores sobre una extraña neumonía en Wuhan que, según alertaban médicos como el difunto Li Wenliang, era parecida al SARS. Para que no se repitiera la tragedia, Taiwán envío un correo electrónico a la OMS pidiendo información el 31 de diciembre, pero solo le contestaron lo que ya se sabía: que había un brote con varias personas aisladas.

Como en Wuhan viven bastantes taiwaneses, sobre todo empresarios con fábricas, las autoridades de Taipéi solicitaron a las de Pekín enviar un par de médicos para estudiar la situación. Estuvieron del 13 al 15 de enero visitando un hospital de enfermedades respiratorias y entrevistándose con sus doctores. «Les dijeron que no había nada de lo que preocuparse porque los contagios entre humanos eran limitados a contactos muy estrechos y los controlarían pronto, pero nuestros médicos percibieron que algo no iba bien», explica a ABC por Skype Hao-Yuan Cheng, del Centro de Inteligencia Epidemiológica de Taiwán. Cuando volvieron de Wuhan, los dos doctores recomendaron endurecer los controles en los aeropuertos.

Cuarentena vigilada

«El Gobierno taiwanés no se creyó lasexplicaciones oficiales porque teníamos algunas pistas. El 14 de enero se descubrió el primer caso importado de coronavirus en Tailandia, lo que era muy raro si, como decía China, las transmisiones eran limitadas», razona el doctor. Para detectar a viajeros enfermos, los inspectores taiwaneses recibían en la puerta de desembarque a los vuelos procedentes de Wuhan y tomaban la temperatura a sus pasajeros. «Por seguridad, esto ya lo hacíamos desde el 31 de diciembre tras los primeros rumores, pero ampliamos los controles a medida que la epidemia se expandió por el resto de la provincia de Hubei», desgrana el doctor Cheng. Dichas medidas resultaron muy eficaces porque la mitad de los pacientes detectados en enero fueron localizados en los aeropuertos.

De los 442 casos registrados en Taiwán, 350 son importados, 55 de transmisión local y 36 ligados a un brote en la Armada. Dependiendo de la gravedad, algunos fueron puestos en cuarentena domiciliaria vigilada a través de sus móviles y otros ingresados en los hospitales, donde había preparadas 1.500 habitaciones de presión negativa para aislar a los más graves. Para detectar posibles contagios, los centros médicos se conectaron con Inmigración y, cuando algún enfermo iba a la consulta, en su historial aparecía si había estado los últimos 14 días en China.

A principios de enero se suspendieron los vuelos con el continente y a mediados de marzo se cerraron las fronteras con el resto del mundo. Con distanciamiento social, mascarillas y una fuerte responsabilidad ciudadana, Taiwán ha conseguido atajar la epidemia sin parar su economía. Aunque se prohibieron las reuniones de más de cien personas, los restaurantes han seguido abiertos; a los cines se podía ir con mascarilla y dejando un asiento libre y la liga de béisbol, que siguió jugándose sin público, ya admite aforos limitados. Para el doctor Cheng, «la concienciación social y las mascarillas están detrás de la baja mortalidad en Asia en comparación con Europa y EE.UU.». Además de no creer a China, claro.

Fuente: ABC

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