El silencio de las armas en Gaza activa el intercambio de presos y rehenes entre Hamás e Israel

En el primer día del alto el fuego temporal, 24 rehenes de Hamás fueron devueltos a suelo israelí, mientras que 39 presos palestinos fueron liberados

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Después de siete semanas de una brutalidad sin precedentes a los dos lados de la verja de separación, el alto fuego llegó a Gaza e Israel y Hamás realizaron su primer intercambio de rehenes y presos. A media tarde, los islamistas entregaron a 13 cautivos israelíes y con doble nacionalidad a la Cruz Roja y, en una decisión sorpresa, liberaron también a 10 ciudadanos tailandeses y uno filipino.

En el cruce de Rafah esperaban agentes del Shin Bet, que los llevaron de manera inmediata de regreso a casa donde aguardaban sus familias. Si todo avanza según lo pactado esta imagen se debe repetir de nuevo en cada uno de los próximo tres días de tregua.

Mientras Israel no apartaba la mirada del paso de Rafah a la espera de la salida de los suyos, los palestinos miraban hacía la prisión de Ofer, de donde fueron liberados 39 prisioneros. La primera jornada fue una especie de día piloto que puso a prueba una hoja de ruta que Catar piensa aplicar a cada uno de los cuatro días de la tregua, en los que se espera la liberación de 50 rehenes israelíes a cambio de 150 presos palestinos. Todo funcionó de una manera poco habitual en un entorno de tanta tensión.

Los primeros liberados por los islamistas fueron Doron (34 años), Raz (4) y Aviv Asher (2); Daniel (45) y Emilia Aloni (5); Ruth (78), Keren (54) y Ohad Mundar (9); Adina Moshe (72), Hannah Katzir (76), Margalit Mozes (77), Hannah Peri (79) y Yaffa Adar (85). El caso de Katzir fue especial porque Yihad Islámica anunció su muerte hace unos días, pero resultó una noticia falsa. La mayoría de ellos son naturales del kibutz Nir Oz, la comunidad agrícola más castigada por el ataque de Hamás del 7 de octubre, donde capturaron a 75 personas, 13 de ellas niños. No se compartió la identidad de los extranjeros liberados.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) informó de la puesta en marcha de su «operación de múltiples días» y su responsable en Oriente Medio, Fabrizio Carboni, declaró que «nos sentimos aliviados de que algunos se reúnan después de una larga agonía (…) Nuestro profundo deseo es que todos los rehenes sean liberados y que los civiles estén protegidos del dolor y sufrimiento que trae consigo el conflicto armado«.

Hamás entregó al CICR a todos los cautivos en una jornada especialmente dura para el organismo internacional, que anunció la muerte de uno de sus trabajadores y toda su familia en un bombardeo de Israel en la víspera del alto el fuego.

«Puerta del cielo» para salir del infierno

La vida de quienes se reencontraron con sus seres queridos ocupó el lugar de las bombas y donde había miedo y oscuridad, surgió la esperanza. Fueron momentos emotivos, pero sin espacio para grandes celebraciones en ninguno de los dos lados por el enorme precio en sangre que se ha pagado antes de llegar a este momento.

Hamás llamó a los palestinos a celebrar grandes bienvenidas en Cisjordania, pero las fuerzas de seguridad israelíes amenazaron a las familias de los presos con detenciones múltiples. La situación fue especialmente tensa en los hogares de los presos de Jerusalén Este. La mayoría de los 150 prisioneros que liberará Israel están bajo el régimen de «detención administrativa». Se trata de la fórmula empleada por Israel para encarcelar sine die a palestinos sin juicio ni acusación alegando, en la mayoría de casos, que planean cometer algún delito.

El Ejército bautizó la operación de recepción de los cautivos como «Puerta del cielo» y explicó que tras la liberación vía Rafah, el plan consiste en llevarlos hasta la base aérea de Hatzerim, al sur de Israel, donde se les realizará un primer chequeo físico y mental. Desde allí salen con dirección a los distintos hospitales habilitados para el caso, donde se produce el reencuentro con sus familiares.

Críticas a Netanyahu

La llegada a casa de los primeros rehenes llenó de ilusión a las familias de los más de 200 cautivos y desaparecidos que volvieron a convertir la calle Kaplan de Tel Aviv, a las puertas del Ministerio de Defensa, en su cuartel general. Su presión diaria, unida a la de Estados Unidos, ha sido una de las claves que ha hecho a Netanyahu cambiar de estrategia y parar la guerra para traer a casa con vida al máximo número de rehenes.

La narrativa del Gobierno israelí es que el intercambio ha sido posible gracias a la presión militar, pero la mayoría de los familiares y Washington no comparten esta idea y por eso llevaban semanas pidiendo pausas humanitarias que facilitaran las liberaciones. Ante las fuertes críticas recibidas por la gestión de esta crisis de rehenes, Benjamín Netanyahu habló tras la vuelta a casa de los primeros liberados para decir a las familias que «estamos comprometidos con el regreso de todos nuestros secuestrados (…) Este es uno de los objetivos de la guerra y tenemos el compromiso de lograr todos los objetivos de la guerra«.

Desde Hamás insistieron en su intención de respetar la tregua y abrieron la puerta a la liberación de más civiles. La línea roja para los islamistas son los soldados y, según palabras de Ghazi Hamad al canal Al Jazeera, miembro de la cúpula política del grupo, «esa es otra historia (…) y respecto a ellos buscamos un intercambio por el que logremos vaciar las cárceles de presos palestinos, ese es nuestro objetivo».

Fuente: abc

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