Como agentes encubiertos de la propaganda de Israel, los autores de la producción cogen el rábano de la guerra de aniquilación de Gaza por las hojas de un caso particular
Desde el estreno de ‘Fauda’, hace ya más de diez años, al público occidental se le hizo saber que el término que da título a la serie significa ‘caos’ en hebreo, y que los malos eran los terroristas de Hamás, de Hizbolá o de cualquier otra franquicia paramilitar de la teocracia iraní. Al margen de un sector antisemita del público al que incluso antes de las matanzas del 7 de octubre de 2023 había que dar de comer aparte, menú del día en la barra de TVE, no resultaba difícil para el espectador medio identificarse con los audaces soldados de Israel que se infiltraban en las redes del mal que se escondían en los túneles de Gaza, cuya sufrida población civil permanecía en el limbo del maniqueísmo narrativo. Simples víctimas del miedo, no eran ni buenos ni malos, sino figurantes del caos, de la ‘fauda’.
Ese término, utilizado por los agentes encubiertos de Israel cuando las cosas se tuercen y retuercen, cambia de significado en la quinta temporada de una producción que ahora trata de explicar y legitimar la reacción de su país tras la masacre de hace tres años. ‘Fauda’ viene ahora a significar venganza. «Si no acabo con ellos no tengo vida», confiesa uno de los protagonistas al final del primer capítulo de esta temporada. Ahí se acaba la serie. El resto de episodios, ya veremos, o no, seguramente trate de contar por qué no puede seguir viviendo –sin antes matar a los verdugos de su familia– una de tantas víctimas del terror de Hamás, perturbado por el trauma y entregado a la oración desde el asesinato de su mujer y sus dos hijos. El idealismo criminal de este Quijote contrasta con la racionalidad del Sancho Panza que lo acompaña, un Doron que aquí bascula entre las terapias enfrentadas del ajuste de cuentas y del olvido. Que para curar sus heridas se deje hipnotizar por una psiquiatra es una licencia, detalle menor, que desarma a su personaje como agente adiestrado para soportar interrogatorios y torturas.
Esto es ‘Fauda’ tras los atentados del 7 de octubre. Como agentes encubiertos de la propaganda de Israel, más necesaria según pasa el tiempo, los autores de la producción cogen el rábano de la guerra de aniquilación de Gaza por las hojas de un caso particular para tratar de razonar, si no de validar, la reacción militar de su país, a estas alturas discutible para cualquier espectador medio. La obsesión vengativa de un hombre herido, mutilado por la pena, se entiende mejor que una guerra que ni siquiera Israel sabe cuándo ni cómo empezó.
Fuente: ABC








