Mi vivienda, mi ahorro

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Sánchez y Yolanda han hundido las aspiraciones de una juventud convirtiéndola en víctima de la paranoia de la izquierda, con medidas grotescas y ajenas a la realidad.

A la edad actual de mis hijos pude satisfacer el derecho a tener una vivienda en propiedad, con hipoteca; han pasado treinta años y sigo abonando la letra cada mes porque de una casa pasé a otra. Pagando, por supuesto. Mi generación sabe lo que cuesta adquirir una casa; si hoy tuviera una segunda vivienda disponible no la pondría en alquiler, precisamente por eso, porque esa modesta acumulación de ahorro a lo largo de una vida es el resultado de muchas privaciones para que ahora un Gobierno irresponsable y de una xenofobia económica infantil me la pueda sustraer para engatusar a su parroquia.

Mis hijos hoy no pueden afrontar por sus medios la compra de una casa, igual que los del 15-M de hace unos años, aunque aquellos dirigentes también han prosperado como propietarios a costa de muchos infelices. El gran Pla lo avisó con su conocida clarividencia: «Cuando alguien dice que viene a salvarme me echo la mano a la cartera». Así estamos.

Sánchez y Yolanda han hundido las aspiraciones de una juventud convirtiéndola en víctima de la paranoia de la izquierda, con medidas grotescas y ajenas a la realidad, tras provocar un aumento colosal de precios por la reducción de la oferta y la llegada de tres millones de nuevos demandantes extranjeros. La crisis de la vivienda se puede arreglar, sí, pero con las soluciones que en otras épocas ya funcionaron: bajando impuestos y facilitando muchísimo suelo público urbanizable para reducir los costes.

Fuente: abc

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