Un reguero de tensiones y enfrentamientos guía el tramo final de la elección a dirigente de Morena

El sistema por encuestas que arrojará presidente y secretaria general culmina tras un largo proceso iniciado el año pasado y marcado por el intervencionismo del Tribunal Electoral

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Los nubarrones judiciales que amenazaban la elección interna de Morena se despejaron esta semana con el fallo definitivo del Tribunal Electoral. Los jueces optaron por continuar con el proceso y rechazaron algunos recursos presentados por las distintas facciones del partido que, aduciendo irregularidades, pretendían suspender la renovación de la presidencia y la secretaría general. Con ello, deseaban alargar hasta después de los comicios de junio de 2021 un confuso proceso iniciado en 2019. El partido del presidente Andrés Manuel López Obrador tendrá el sábado una nueva dirigencia ungida por una encuesta abierta. De momento, la organización ha superado el conato de tormenta, pero ha dejado por el camino un reguero de tensiones internas y enfrentamientos entre grupos que marcará el norte de un partido que parte como favorito a las elecciones de 2021.

Morena lleva más de un año intentado resolver la elección de su presidencia, que hoy está en manos de un interino, el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar, quien tiene fama de conciliador. El proceso se ha convertido en una espiral interminable de guerras internas, que han impedido alcanzar si quiera acuerdos básicos de cómo llevar a cabo la elección de su nuevo lider. Las impugnaciones judiciales le dieron forma a los comicios y, ante el caos generalizado, los tribunales expropiaron a los militantes el derecho de elegir una figura que encabece el movimiento. La autoridad electoral, el INE, llegó a determinar una encuesta abierta como método de elección. Los militantes lo aceptaron a regañadientes. Un centenar largo de aspirantes terminó reduciéndose a una terna final de cinco. Dos libran una dura batalla por la presidencia: Porfirio Muñoz Ledo, un veterano de 87 años y prototipo de la evolución partidista de la izquierda mexicana, y Mario Delgado, líder de la bancada del partido en el Congreso, donde cuenta con la mayoría.

Muñoz Ledo, quien tiene una trayectoria de cinco décadas en política, tomó la ventaja en la primera encuesta de reconocimiento, abierta a la población. Sacó más de 20 puntos al segundo sitio, ocupado por Delgado, quien ha adoptado un discurso de unidad y reconciliación. Los ataques de Muñoz Ledo, sin embargo, han ido subiendo de tono durante las fechas de levantamiento de la encuesta definitiva, que culmina este jueves. El veterano diputado, quien presidió el PRI y el PRD, ha cargado con dureza contra el canciller Marcelo Ebrard, quien apuntala la candidatura de Delgado. Sus dardos dejaban ver que con los comicios internos del partido también discurre en paralelo la lucha por la candidatura presidencial de 2024. La batalla de Muñoz Ledo, quien dice que será su última en política, cuenta con el respaldo de la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien también aspira a Palacio Nacional.

Los jueces añadieron ruido a un proceso de por sí turbulento. Tras la primera encuesta, que ponía a Muñoz Ledo en posición de ventaja, se hizo público un nuevo proyecto del tribunal electoral que pretendía descarrilar nuevamente la elección. Todas las partes interesadas se opusieron al proyecto del juez Felipe Fuentes, que pretendía regresar al partido a la casilla de salida dentro de su laberinto. “La actual dirigencia de Morena es la que ha estado interponiendo recursos con el objeto de tirar el proceso de la encuesta que está en marcha”, dijo Mario Delgado horas antes de que los jueces votaran. El legislador se refería a Ramírez Cuéllar y a Bertha Lujan, exsecretaria general, quien es considerada parte del ala dogmática del partido. Los togados finalmente avalaron la encuesta en una sesión sometida a muchas presiones.

La decisión, sin embargo, no sirvió para distender la situación dentro del partido. Muñoz Ledo continuó la carga contra su adversario y contra otras cabezas del partido, entre ellos el académico John Ackerman, a quien acusó de instigar una campaña internacional de medios estadounidenses en contra de López Obrador. El veterano diputado también lanzó acusaciones de corrupción sobre Delgado, insinuando conocer una supuesta causa de malversación de fondos sobre el líder de la bancada de su partido. Desde el otro bando, han contraatacado, acusando al histórico dirigente de izquierdas de inflar sus redes sociales con una campaña artificial a golpe de talonario.

López Obrador, que ha mantenido un prudencial distancia durante la evolución de los acontecimientos dentro de su partido, defendió este jueves el polémico sistema de las encuestas, un método que ya había sido utilizado en varias ocasiones dentro de PRD, el partido del que provienen gran parte de los cuadros morenistas. “Si no se pueden resolver los vicios del acarreo, la compra de votos y la falta de responsabilidad política de dirigentes, ahí están las encuestas… El pueblo se porta muy bien, pero los líderes —o quienes representan a grupos o quieren cargos o aspiran a cargos— se echan a perder», señaló el mandatario.

Los enfrentamientos han marcado el proceso desde su inicio, a finales del verano pasado. En septiembre, durante las asambleas preparatorias a las primarias hubo peleas, puñetazos, sillas sobrevolando las cabezas de los asistentes en Campeche, Tabasco, Chiapas y Veracruz. En Jalisco hubo disparos, dos militantes quedaron heridos y denuncias de actas falsificadas. El Tribunal Electoral entró por primera vez en escena en octubre decretando un aplazamiento de los comicios al considerar “no fiable” el padrón electoral de Morena.

“Desde entonces, el tribunal ha tenido una serie de decisiones muy desafortunadas, que ha tenido una incidencia desmedida de la vida interna de Morena”, dice Javier Martín Reyes, profesor de Estudios Jurídicos del CIDE. Desde entonces, el TEPJF pasó al dirigir las elecciones internas del partido, decretando que se llevaría a cabo mediante el polémico sistema de encuestas. A medida que se iban superando fases, y quedando contendientes en el camino, crecían las críticas, llegando incluso a lanzar acusaciones de “fraude anticipado”. Casi cada crítica se traducía en un nuevo recurso ante el tribunal, llevando el proceso a una peculiar judicialización. “El problema es que no consiguen ponerse de acuerdo. Están buscando una solución jurisdiccional donde lo que necesitan es una acuerdo político”, apunta María Marván, doctora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

La intensa intervención judicial ha sido motivo también de críticas por las supuestas presiones políticas que habrían dirigido el sentido de sus resoluciones. “No es un comportamiento tan raro. Siempre hay presiones pero no es la inercia de este tribunal. Es una institución muy extraña y muy poderosa que, al menos, desde 2003 se ha ido metiendo en la vida privada de los partidos”, añade Marván. En el entorno de Morena, en todo caso, existe el temor a que el veredicto de unos comicios tan turbulentos pueda desestabilizar al partido de cara a las elecciones intermedias del año que viene. El resultado final, cerrado ya el apartado judicial y después de más de un año, se conocerá el fin de semana.

Fuente: elpaís

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