En el buen sentido de la palabra

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Palabras que indican virtudes se pueden entender de dos formas, una buena y otra menos buena

Además de tener un significado diversificado en varias acepciones, que es el recogido en el Diccionariolas palabras toman un sentido. El sentido es una faceta del significado de una palabra que refleja la interpretación que toma o le atribuye el hablante en el contexto en el que se inserta, no en el Diccionario. Estamos en psicolingüística. Las palabras se entienden por lo pronto de dos maneras. Una buena y otra, quizá, mala. La frase «El periodista ‘manipula’, en el buen sentido de la palabra, los datos de la realidad» es difícil de entender porque manipular tiene una acepción negativa -su valor social, serio, distante o hasta hiriente, a veces-, aunque sus otras acepciones la presenten positivamente. Como aquella es la interpretación que se nos viene primero a la memoria, alertamos con el modismo «en el buen sentido de la palabra» la interpretación que en este caso hacemos de

manipular. Con esa frase podemos particularizar o determinar o dulcificar o ironizar nuestro discurso.

Crucificar, por ejemplo, puede incluso tener un buen sentido, tal como recojo de una crónica de moda en este mismo periódico: «David Delfin hizo desfilar a sus modelos en la Pasarela Cibeles de 2001 con una especie de burka en la cabeza y velos en el rostro. Fue, en el buen sentido de la palabra, crucificado por muchos. Si sólo le animaba la provocación, bien, que para eso están los artistas; si además consiguió denunciar el oprobio al que se ve sometida la mujer, mejor».

Otras veces se usa ese giro cuando el significado está en transición, como pasaba con la palabra demagogo en tiempos de Juan Valera. Entre demagogia y democracia había todavía cierta confusión, de manera que había que activar el buen sentido para entenderla cercana a lo que hoy consideramos demócrata: «¿Quién más gran demócrata, más egregio demagogo, en el buen sentido de la palabra, más libertador de las gentes que San Gregorio VII?», se lee en su ensayo sobre ‘La revolución y la libertad religiosa en España’, de 1869.

Antes de llegar hasta aquí los lectores ya habrán sentido el eco del ritmo del alejandrino de don Antonio Machado: «Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno», en su sincero retrato. El adjetivo bueno puede ofrecer también dos sentidos. Machado reclama el bueno para sí, no el de buen hombre ni el del buenismo, sino el de la bondad a la que todos deberíamos aspirar. Pues hasta las palabras que indican virtudes, gracias, favores, bienes, se pueden entender de dos maneras, una buena y otra menos buena.

fuente: https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-buen-sentido-palabra-202201071111_noticia.html

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