Alcaraz derriba un muro llamado Struff y sus propios nervios y alcanza los cuartos en Madrid

El murciano bate al alemán, que volvió a ponerlo en apuros, como en la final de 2023, pero prevalece (6-3, 6-7 (5) y 7-6 (4), dos horas y 52 minutos) juega el miércoles ante Rublev

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Carlos Alcaraz progresa de manera exponencial en este Mutua Madrid Open y se planta en cuartos con confianza en su antebrazo. Ha pasado una prueba durísima, por la velocidad y la potencia de Jan-Lennard Struff y se le escapa la sonrisa al murciano, catapultado por este triunfo de paciencia, muñeca suave y mano dura, cuando la previsión al aterrizar en Madrid era de dudas y cierta marejada.

El murciano suma con esta victoria, la número 14 consecutiva, desde abril de 2022 cuando enlazó triunfos sobre Nadal, Djokovic y Zverev, y otras seis el año pasado. Iguala a Rafael Nadal en este guarismo: él los encadenó de 2013 a 2015.

Nada que ver con el Alcaraz lento ante Seyboth Wild, el del martes de sobremesa se encarga de abrillantar un día plomizo con la fuerza de su derecha y la suavidad de su muñeca. Se le van poco a poco las dudas de la cabeza al murciano, que atiza desde el inicio porque tiene que evitar que Struff tome la delantera.

Es el alemán un atleta de 193 centímetros que lo fía todo a la potencia de las palancas que tiene como brazos. Y ya le va bien así, porque sus saques son meteoros que caen a la tierra, 226 kilómetros por hora, por ejemplo, y si le sale eso de jugar con el riesgo, hace mucho daño. Fue finalista el curso pasado después de perder en primera ronda y ser repescado como ‘lucky loser’, así que ya no le tiembla el pulso para medirse con el español. Además, tiene buenos reflejos para los servicios rivales, por lo que es normal verlo restar desde muy adentro para quitar tiempo de reacción al sacador.

Lo sufre Alcaraz en los primeros turnos, sonriente el murciano porque levanta tres bolas de break en el tercer juego, que sabe peligrosísimas para recuperar después la desventaja. Lo hace minando la peligrosidad del alemán con la sutileza de la que él carece, porque de potencia a potencia se juega más en el alambre y la incertidumbre, pero con las dejadas bien hechas se tiene un buen trecho recorrido.

Es una roca el alemán, 34 años y 24 del mundo, campeón en Múnich hace una semana, pero a veces se erosiona él solo de tanto que juega con la catapulta cargada. Lo aprende bien el 3 del mundo, que cambia el paso, salvaguarda la derecha, y el antebrazo de paso, y saca momentos de dulzura con angulitos y efectos para contrarrestar la velocidad y la dureza del alemán, que completa con mano firme con el revés y buenos primeros servicios que lo salvan de complicaciones, que el alemán está despierto.

Así, entre derechas relajadas y aguante mental, erosiona a Struff, al que le falla el primer golpe y le van mal las bolas blanditas, profundas y altas del murciano.

Y el 3 el mundo encuentra un filón por el que se cuela hasta el 5-2 con un break que sabe a alivio, hasta se permite un grito, porque está el rival serio y el partido se puede complicar en cualquier momento.

Está Alcaraz centrado, aprovechando las dificultades del rival cuando no le funciona el primer saque y sus debilidades para agacharse y correr hacia sus dejadas. Completa el set sin más sustos y se regala un nuevo break nada más empezar el segundo. Pero sí, sabe que se podía complicar porque la roca no cede y se activa con el sol porque la pelota deja de pesar tanto por la humedad del día fosco en Madrid y todavía es más seca y viva cuando el sol empieza a picar. Y las derechas y los saques del alemán también pican más.

Struff, crema solar en la zona de la nariz a mitad del segundo parcial, mete la directa con el servicio, que vuelve a ser como una lluvia de meteoritos, y arrecia desde el resto. Recupera el break, y aunque Alcaraz está centrado y tiene hasta sonrisas por algún pelotazo que evita a tiempo en la red, complica al murciano la existencia, alargando el envite hasta el tie break. Se enreda el español en el juego duro y tosco del alemán, que es más efectivo porque no falla ninguna y sí el 3 del mundo. Una derecha al pasillo, un revés que no pasa y son tres bolas de set de la que Struff aprovecha la tercera con un primer servicio que toca por milímetros la línea. Lo suficiente para que el partido entre en la tercera dimensión.

Esa complicación que quería evitar Alcaraz y que ya había sufrido en la final del Mutua Madrid Open 2023. Le costó también aquella vez encontrar el hueco para escabullirse de los bombardeos y responder con idéntica saña. También tiró de muñeca para las dejadas y a la paciencia para derribar finalmente la torre, que se mantuvo en pie dos horas y media y es casi el mismo tiempo el que aguanta en esta tarde de 2024.

Por recursos, maña y picardía, es el español superior, pero no cede el alemán, erre que erre con sus derechas y alguna subida a la red porque son 193 centímetros y alguno cúbico, tan cuadrado de espaldas que todavía parece más gigante, más pequeña la red, más pequeños los huecos para el rival. Pero es allí donde encuentra Alcaraz el resquicio. Porque sube e impone el de Warstein, pero no se maneja especialmente fino con las contradejadas, sobre todo ante el rey de este golpe, que las devuelve todas con mucha más calidad, intención y pulcritud.

Así encuentra la salida el murciano, desatado en su grito de guerra cuando logra el break en el cuarto juego porque sabe de la que se ha librado y que ya no se puede enredar más en probaturas. Sigue agachando a Struff con dejadas para superarlo después, y se desentiende de los problemas que puedan quedarle en la cabeza sobre el antebrazo, y eso que las piedras que tiene que devolver pesan y escuecen, para intentar sentenciar. Aún hay tiempo para alguna floritura, enganchado a la ola que forma la grada cuando consolida el break. Pero le recrimina Ferrero desde el banco, con su padre señalando la sien, cabeza y calma, cabeza y calma que esto no se ha acabado.

Va con prisas por salir del escollo el murciano, pero con su juego de saque para ganar entra el despiste: son cuatro bolas de partido que desaprovecha, por más errores suyos que acierto del rival, y la sonrisa se tuerce. Dos horas y media y hay que seguir. Porque el alemán vuelve a estar fuerte después de salvarse de la quema.

Ya no hay miramientos ni dudas con el antebrazo. Necesita todo para este tie break en el que se ha enredado él solo. Aquí se aprovecha de su experiencia, que no quiere repetir aquella situación de tener opción de ganar un partido y acabar perdiéndolo, como en la final del Masters 1.000 de Cincinnati ante Novak Djokovic. Aunque todavía hay tiempo para más errores impropios y a destiempo. Intenta ayudar la grada, y por fin afina la puntería, el saque y derriba el muro Struff tras casi tres horas de partido.

«He tenido que jugar con mis emociones, sobre todo al final. Pero feliz por haberlo conseguido, y mantener la lucha. Partido muy difícil, me ha recordad a la final del año pasado. break arriba en el segundo, cuatro bolas de partido que no he sabido aprovechar. Difícil de gestionar en tu cabeza. El público me ha motivado mucho, me ha tirado para arriba para sobreponerme», confesó después.

Alcaraz ya mira hacia lo alto tras un triunfo de nivel ante un rival incomodísimo que le fuerza el antebrazo, la paciencia y la confianza, pero prevalece el murciano, ya en cuartos donde lo espera Andrey Rublev.

Fuente: ABC

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