¿Cuál es la conexión entre la microbiota y el estrés?

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Hablar de bienestar emocional implica ampliar la mirada y reconocer la estrecha relación entre mente, cuerpo e intestino.

Ciudad de México.- El estrés forma parte del día a día, sin embargo, cuando éste no se encuentra en niveles adecuados y se vuelve intenso o persistente, puede afectar procesos como la función digestiva, la regulación de la glucosa, la respuesta inmunológica y el equilibrio de la microbiota intestinal.

«Muchas veces buscamos el origen del estrés, la ansiedad o la fatiga únicamente en la mente, pasando por alto que nuestro intestino es un actor clave en la regulación emocional. Cuidar la salud digestiva a través de una nutrición adecuada y hábitos conscientes no es solo un tema de buena digestión, es una estrategia fundamental para proteger nuestra salud mental», explicó la Dra. Patricia Restrepo, médica por la University of Connecticut, química egresada del Swarthmore College y fundadora del Método k.eat.

El intestino y el cerebro mantienen una comunicación bilateral y constante a través del eje microbiota-intestino-cerebro, que conecta los sistemas digestivo, nervioso e inmunológico. De ahí surge la idea del intestino como un “segundo cerebro”. Además de participar en funciones digestivas, el intestino alberga una extensa red de neuronas y es responsable de producir aproximadamente el 95 por ciento de la serotonina del organismo.

Esta relación entre estrés, microbiota y cerebro abre una nueva perspectiva para comprender el bienestar integral, lo que ha despertado un creciente interés por comprender si cuidar la salud intestinal, y por tanto nuestra alimentación, también significa cuidar la salud de nuestro cerebro.

La microbiota como modulador del estado de ánimo

Las más recientes investigaciones buscan explicar la posible relación con procesos asociados al bienestar emocional, como la ansiedad y la depresión.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025, que analizó 19 estudios aleatorizados con más de 12 mil participantes, encontró efectos positivos asociados a determinadas intervenciones dietéticas sobre la función cognitiva global, incluyendo aspectos como la función ejecutiva y la velocidad de procesamiento.

Si bien se trata de un campo de estudio en evolución, la evidencia apunta a que la salud intestinal debe considerarse como parte de una visión integral de la salud mental y cognitiva.

Estrategias integrales para cuidar el «ecosistema» interno y contribuir a este equilibrio

Cuidar la microbiota es mucho más que hablar de digestión: significa atender uno de los sistemas que mantienen una comunicación constante entre el intestino y el cerebro. Alimentación, descanso, movimiento y manejo del estrés forman parte de una misma ecuación para favorecer el equilibrio y el bienestar integral.

  • Para sumar a la conversación, la doctora Patricia Restrepo, comparte una visión importante sobre cómo nutrir este “segundo cerebro” desde la consciencia individual, aplicando la curiosidad y aprendiendo a escuchar al cuerpo:
  • El origen de los alimentos: conocer de dónde vienen y cómo fueron producidos y preparados. La regla es simple: entre menos procesados, mejor. Volver a lo natural también empieza por lo que ponemos en nuestro plato.
  • El entorno: Importa tanto el ambiente en el que se producen los alimentos como aquel en el que los consumimos. El cuerpo responde mejor cuando comemos en condiciones favorables, como con luz natural, y la calidad de un alimento también puede variar según el entorno en el que fue producido.
  • Las señales del cuerpo: Aprender a reconocer lo que nos dice nuestro cuerpo es fundamental. Aunque existen patrones y protocolos establecidos por la ciencia, las diferencias individuales importan; prestar atención a lo que sentimos en el intestino al comer, pensar o vivir experiencias significativas puede brindarnos información valiosa sobre nuestra salud física y mental.

La alimentación, la salud de la microbiota y la manera en que gestionamos el estrés cotidiano forman parte de un mismo ecosistema que puede influir en nuestro bienestar.

Fuente: sinembargo

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