Alfonso Castañeda narra en Tu estudiado simulacro la violencia psicológica en parejas del mismo sexo y el silencio que dificulta reconocer y denunciar el abuso.
Ciudad de México.- La violencia psicológica no siempre deja marcas visibles ni resulta fácil identificarla mientras ocurre. Puede manifestarse mediante la manipulación emocional, el aislamiento, la distorsión de la realidad y una serie de comportamientos que llevan a las víctimas a desconfiar de su memoria, sus emociones e incluso de su propia identidad. Estas formas de abuso, además, no se limitan a las relaciones heterosexuales: también ocurren entre parejas del mismo sexo, donde los prejuicios, la discriminación y la falta de redes de apoyo pueden dificultar todavía más que las víctimas reconozcan y denuncien la violencia que padecen, expuso en entrevista con SinEmbargo el escritor Alfonso Castañeda.
El autor de Tu estudiado simulacro, (Latice Editorial) una obra que combina elementos de la crónica, la investigación, el ensayo y la narrativa literaria, explicó que decidió escribir sobre su experiencia personal después de atravesar un proceso de depresión, ansiedad e insomnio que comenzó dos años después de terminar una relación. Fue durante su tratamiento psicológico cuando empezó a comprender lo que había vivido y a investigar los mecanismos de manipulación que, según relató, habían marcado aquella experiencia. Sin embargo, su propósito no era elaborar únicamente un testimonio autobiográfico, sino construir una historia que permitiera comprender cómo determinadas formas de violencia atraviesan también las relaciones familiares, laborales y sociales.
«Fue un proceso porque, lo cuento un poco en el libro, así comienzo con una depresión dos años después de salir de la relación, pero todavía sin entender qué había pasado. Había síntomas como mucho insomnio, ansiedad, de pronto como miedos irracionales que surgían de la nada. Comencé a tomar terapia, preguntando primero si a lo mejor necesitaba yo, más que terapia, tratamiento psiquiátrico. Me valoraron y, bueno, terminé en terapia nada más y ahí fue donde comencé a saber, cuando comienzo a platicar, qué era lo que había pasado. Yo todavía con el rollo de: ‘Pues es que posiblemente yo estoy loco o me lo inventé’. Ahí descubro que se llama abuso narcisista».
Castañeda explicó que, después de identificar esos comportamientos, comenzó a investigar conceptos como el gaslighting —una forma de manipulación que busca hacer dudar a una persona de su percepción de la realidad—, el refuerzo intermitente, la negligencia emocional y la disonancia cognitiva. Para ello recurrió a libros, materiales de divulgación y consultas con especialistas, con la intención de vincular su experiencia con fenómenos que trascienden su historia personal.
El escritor señaló que una de sus principales preocupaciones era mostrar cómo estas dinámicas de abuso pueden desarrollarse desde la infancia y reproducirse posteriormente en otros vínculos afectivos. En ese sentido, sostuvo que el libro busca funcionar como un espejo para quienes han experimentado situaciones semejantes, sin convertirse en una obra de autoayuda ni ofrecer soluciones simplificadas a procesos psicológicos complejos.
«Lo que me interesaba mucho era crear un libro que pudiera acompañar los procesos sin dar consejos ni ser como de superación personal, sino que fuera un libro que sirviera como una especie de espejo, de decir: ‘A ver, cuando una persona un día me trata bien y después me deja de hablar dos días, y después me pareciera que me compensa con algo. Ah, bueno, eso se llama refuerzo intermitente’. Y entonces empiezo a desarrollar la historia. También algo que me interesaba mucho era comentar que el abuso narcisista no es algo que se dé solo en la pareja. Para mí era bien importante mencionar que se gesta en las familias, se gesta desde la más tierna infancia».
La violencia que se oculta en las parejas
Uno de los aspectos centrales de Tu estudiado simulacro es la violencia intragénero, es decir, aquella que se produce entre personas del mismo género. Castañeda explicó que, aunque inicialmente no había planteado su libro desde esa perspectiva, durante el proceso de investigación comprendió que su relato también permitía visibilizar una problemática frecuentemente ignorada: la violencia psicológica y emocional entre parejas homosexuales.
El escritor sostuvo que uno de los principales obstáculos para reconocer estas situaciones es que todavía existen sectores sociales que no consideran las relaciones entre personas del mismo sexo con la misma legitimidad que las heterosexuales. A ello se suma que muchas personas de la diversidad sexual proceden de entornos familiares donde han enfrentado rechazo o discriminación, lo que puede dificultar que encuentren apoyo cuando viven violencia dentro de una relación.
«De pronto se cree que la violencia en pareja o el abuso en las relaciones solo se da entre hombre y mujer. Y a mí me parecía, ahora ya después que tomé conciencia, me pareció interesante porque no se habla de esto, yo creo que por varias razones. En primera, porque socialmente muchas veces no se nos considera que somos una relación de pareja estable o formal entre hombre-hombre, mujer-mujer, porque carece como a veces de ese valor de, o sea, son amigos o son amigas o viven juntos o son roomies».
Esta falta de reconocimiento, explicó, puede convertirse en una barrera adicional para quienes buscan denunciar una relación abusiva. En algunos casos, las víctimas ni siquiera han comunicado su orientación sexual a sus familiares, mientras que en otros temen que sus testimonios sean desestimados por personas que previamente han rechazado sus relaciones afectivas.
«Venimos de contextos familiares también de muchas violencias, donde muchas veces si mi mamá o mi papá o mis familiares no llevan bien mi orientación sexual, pues con mayor razón, ¿cómo les voy a contar que mi pareja me está abusando o violentando? ¿Cómo voy a poderles decir a las demás personas que yo sé que ni siquiera aceptan mi orientación sexual ni mi relación con otra persona, que estoy viviendo violencia?».
Castañeda agregó que el aislamiento representa otro de los mecanismos que pueden contribuir a perpetuar estas relaciones. Según su experiencia y la investigación que realizó, las personas que ejercen el abuso pueden deteriorar los vínculos de sus parejas con familiares y amistades, de manera que, cuando las víctimas intentan hablar de lo que están viviendo, encuentran desconfianza o incluso rechazo.
El escritor advirtió, además, que la dificultad para identificar el abuso no siempre termina cuando una persona logra salir de una relación. Las consecuencias emocionales pueden prolongarse durante años y, en ocasiones, quienes buscan apoyo encuentran respuestas que minimizan su experiencia o los hacen responsables de la violencia sufrida
Fuente: sinembargo








