Un gobierno destructor: “Los puntos sobre las íes”

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El ascenso del autoritarismo en el mundo se manifiesta en el encumbramiento de líderes carismáticos, que hablan en nombre del pueblo, la Nación o la Historia y que a menudo se presentan como salvadores de la Patria, acechados por enemigos internos o externos. La historia de cada país, la capacidad organizativa de la sociedad, entre otros factores, favorecen o limitan la imposición de las inspiradas políticas del líder y su camarilla. México no es la excepción. Pese a tener todo a su favor para consolidar el camino hacia un país más democrático y pleno, López Obrador no sólo desperdició una oportunidad excepcional, destruyó mucho de lo logrado y deja un pesado legado que será difícil desmontar.

Analizar y exponer la fórmula destructiva particular de este gobierno es uno de los importantes aportes de “Los puntos sobre las íes”, de María Amparo Casar, lectura imprescindible para vislumbrar los enormes retos que deberán enfrentar la ciudadanía, gane quien gane las elecciones. Seis íes resumen las características del estilo personal de un presidente que dice representar al Pueblo y ha dado la espalda al debate y a la pluralidad: des/institucionalización (destrucción o debilitamiento de instituciones y órganos autónomos), ilegalidad (transgresión de normas, imposición de leyes inconstitucionales, abuso del decreto), impunidad (de delitos graves, masacres, violaciones de derechos humanos), des/información (que raya en la mentira), incompetencia (disfrazada de “lealtad al pueblo” – al líder) e incongruencia (evidente en las contradicciones entre discurso moralizante y acciones antidemocráticas).

Aunque Casar analiza e ilustra en detalle cada uno de estos rasgos, muestra desde el inicio cómo se interrelacionan y retroalimentan: debilitarlas instituciones favorece la concentración del poder en un ejecutivo que detesta los contrapesos, pretende imponer su voluntad como “ley”, prefiere cortesanos que funcionarios críticos, se contradice, y mediante una “política de la opacidad” pretende ocultar los delitos y vicios de los suyos. Entre otros ejemplos, la destrucción de un sistema de salud deficiente pero mejorable, que agravó el desastre de la pandemia, es uno de los más indignantes: 50 millones de personas han quedado sin acceso al sistema de salud y continúa el desabasto de medicinas por imprevisión, incapacidad, e irresponsabilidad impune. A los daños humanos se suman daños patrimoniales y ambientales que hipotecan el futuro de las nuevas generaciones: el tren ecocida y la refinería inundable son emblemáticos.

Gracias a la claridad de la argumentación y al tono mesurado de la autora, los múltiples datos y referencias se van hilando en un entramado que nos lleva a recordar que el AMLO jefe de gobierno ya era alérgico a la transparencia, a saltar ante un autobombo tan falaz como “somos el gobierno más transparente de la historia” y, sobre todo, a reflexionar sobre las consecuencias de un gobierno que enriqueció a las fuerzas armadas a costa de necesidades básicas, les otorgó innumerables responsabilidades civiles al tiempo que debilitó severamente el servicio público e intensificó el abuso de la “seguridad nacional” y el desprecio por la rendición de cuentas.

Además de vicios y problemas que mucho se han debatido en estos años, Casar menciona ejemplos claros de alianzas perversas que van debilitando la democracia: el ascenso de funcionarias/os de deshonestidad demostrada, las alianzas con líderes y partidos corruptos y oportunistas, y la imposición de directivos ineptos en centros de investigación, todos ellos al servicio del líder y a costa de los esfuerzos de la sociedad por resolver problemas urgentes.

A la luz de la manipulación discursiva y del afán de poder del presidente, expuestos en este excelente libro, no extraña que haya recaído sobre su autora la arbitrariedad presidencial. Minimizar la difusión de sus datos personales como “venganza” sería un gran error. Es una advertencia para quienes cuestionan al “árbitro de la verdad” y confirma hasta qué punto el respeto por la ley, por la dignidad y los derechos humanos se ha quebrado. Otro gran daño que superar.

Fuente: eleconomista

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