¿Beneficiará el oro blanco a los mexicanos o solo a los políticos?

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El presidente estadounidense Joe Biden ordenó hace unos días subir de 7.5 a 25% el arancel a las baterías de iones de litio para vehículos eléctricos (VE) chinas con el fin de respaldar a las fábricas de estas baterías que hay en su país.

La era de los VE ha llegado y cada vez se venderán más, y aunque recientemente la demanda por ellos se ha desacelerado debido a sus altos costos de compra y mantenimiento, estos irán bajando al hacerse más eficientes su fabricación y operación.

El crecimiento del mercado para VE ha intensificado la carrera por asegurar recursos esenciales para ellos, como el litio, elemento que algunos llaman oro blanco. Este metal suave y plateado, fundamental para las baterías de los VE y los sistemas de almacenamiento de energía, está en el centro de una transformación energética mundial. En este contexto, México se encuentra ante una oportunidad histórica para convertirse en un actor relevante en el mercado global del litio.

En 2023, Chile lideró el mundo con unas reservas de litio estimadas en 9.3 millones de toneladas métricas (TM), seguido por Australia con 6.2 millones de TM. Argentina y EU tienen 2.2 millones y 1.1 millones de TM, respectivamente. México, con unas 1.7 millones de TM, se posiciona como un jugador importante en este sector. Se espera que la demanda de litio alcance un millón de TM en 2025 y supere los dos millones de TM en 2030.

Las reservas de litio de México están dispersas en 82 depósitos ubicados en 18 estados. Sin embargo, su extracción presenta desafíos únicos porque se encuentran principalmente en depósitos de arcilla, que son notoriamente difíciles y costosos de extraer.

Los diferentes tipos de depósitos de litio alrededor del mundo presentan diversos grados de dificultad para su extracción: depósitos de roca, como los de Australia y EU, contienen aproximadamente 5% de litio por tonelada y representan 26% de la producción global; depósitos de sal, encontrados en Argentina, Chile y Bolivia, que constituyen 74% de la producción mundial, contienen sólo 0.001% de litio; depósitos de arcilla, como los de México, también tienen una concentración similar de 0.001% de litio por tonelada, pero son aún más difíciles y costosos de procesar. Para alcanzar 30% de concentración requerido para la producción de baterías, se necesita un procesamiento intensivo que consume mucha agua, energía y dinero.

La disponibilidad de agua es una preocupación crítica, especialmente en Sonora, donde se encuentran los depósitos más importantes. La región enfrenta un grave estrés hídrico, con más de 80% de su suministro de agua disponible ya en uso. Esta crisis de desertificación complica las operaciones mineras a gran escala, que requieren recursos hídricos sustanciales.

Por todo lo anterior, el éxito de México en la industria del litio dependerá de su capacidad para atraer inversiones, adoptar tecnologías avanzadas de extracción e implementar prácticas sostenibles. Y, esto es muy importante, promover activamente la participación del sector privado para evitar fracasos similares a los que desde siempre hemos visto en Pemex y la CFE.

¿Sabrán nuestros gobernantes aprovechar la fiebre del oro blanco para beneficiar a los mexicanos y no solo a los políticos en el poder?

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