La polarización no es la culpable

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Leo a diversos analistas, algunos claramente opuestos al gobierno de López Obrador y otros abierta o solapadamente favorables a él. Algunos más procuran ser “neutrales” u “objetivos”. Pongo las comillas porque creo que en el fondo nadie puede ser objetivo o neutral. Encuentro frases que indican que culpan a la polarización política del ambiente enrarecido que priva en México. Este clima de tensión constante, agregan, impide el reconocimiento de las cualidades o aciertos de la otra parte. Como nadie cede, entonces se da la polarización. Bonito juego de malabarismo político.

La intransigencia de los actores políticos no es la causante de la polarización. Esta se da por la intransigencia, sí, pero no de los actores políticos en general, sino por la conducta totalmente opuesta a cualquier entendimiento del presidente López. Es él quien ha cerrado todas las puertas a cualquier encuentro con representantes de otros partidos o de personajes que son claramente críticos. Decir que en todas partes hay cerrazón es una mentira y una falta de ética periodística que ayuda a creer que el problema tiene dos partes.

Una rápida mirada al pasado reciente permite desenmascarar el argumento de las dos partes irreconciliables. Fox tuvo que negociar con el entonces poderoso PRI. Calderón lo hizo igualmente. De Peña no se puede entender el éxito de sus reformas si no es con el diálogo y los acuerdos con la oposición. Decir que todos estos acuerdos se hicieron con base en la compra de votos es simplificar la cuestión, de nuevo con el interés de aprobar la cerrazón de López Obrador. Todos los días, en medio del calor de las discusiones y diferencias, las distintas fuerzas políticas llegaban a tomar decisiones conjuntas. Algunas de ellas pueden ser objetables, pero existían los puentes para dialogar.

Se podría argumentar que Fox, Calderón y Peña no tenían la mayoría en el Congreso y los gobiernos estatales y se veían obligados a buscar acuerdos con la oposición. Este es otro argumento falso y para muestra van dos ejemplos: primero, en los primeros tres años como jefe de Gobierno de la CDMX López Obrador no tenía mayoría en la Asamblea Legislativa y de todos modos no buscó conciliación alguna con la oposición. Impuso su segundo piso a pesar de que el presupuesto no lo aprobaba. Esta fue una obra hecha con “ahorros” (en realidad subejercicios a modo) y sin transparencia alguna hasta la fecha; segundo, incluso en los tiempos del priismo hegemónico de los años 70 y 80 se hicieron reformas con el concurso de la oposición. Una de las más importantes fue la reforma electoral de 1977.

AMLO no negocia con nadie, ni con otras fuerzas políticas ni con las propias. Está convencido de sus ideas, aunque la realidad le muestre que se equivoca. Cuando alguien cercano a él lo contradice simplemente lo desecha. El caso Marcelo Ebrard ejemplifica bien esto.

Regreso con los analistas “neutros” u “objetivos”. Señalan que la oposición y los críticos no reconocen nada de lo hecho por López Obrador y que esto provoca las respuestas tajantes y autoritarias del presidente. De nuevo se equivocan. Hay reformas obradoristas que han sido aprobadas con sectores del PAN, el PRI o el PRD. Dos como ejemplo: la pensión para la tercera edad en la Constitución y el pase de la Guardia Nacional a la SEDENA (que luego echó abajo la SCJN). Adicionalmente, hay que recordar que la oposición ha solicitado más de una vez un encuentro con el presidente López, pero éste no lo acepta. Tanto Santiago Creel, como presidente de la Cámara de Diputados como Xóchitl Gálvez solicitaron espacios para dialogar y aclarar puntos con el jefe del Ejecutivo y no sólo no fueron recibidos, sino que además fueron insultados.

Pero supongamos, para fines didácticos, que los analistas “objetivos” o “neutrales” están proponiendo que las oposiciones bajen de intensidad las críticas, que hagan un “análisis frío” y reconozcan que el país camina. Acerca de esto hay que decirles que esto no hará que el presidente baje de intensidad los ataques, las descalificaciones y la polarización por una razón muy sencilla: necesita crear un blanco, un enemigo al que llame a exterminar. Esta es una receta de manual usada por populistas o fascistas.

El problema no es reconocer los aciertos (pocos) que ha tenido este gobierno o la validez da la mayoría de las críticas que hace AMLO hacia el pasado. Eso se puede hacer sin mayor empacho. El tema central es señalar que el proyecto fundamental del presidente López es conducirnos a un autoritarismo militarista disfrazado de gobierno de izquierda. Contra eso es lo que estamos. En este contexto reconocer la justeza de tal o cual medida gubernamental sin ir más lejos es llamar al análisis miope, a no ver el panorama completo. Se pueden perder democracias y países por omisión, buena voluntad mal entendida o complicidad. Ustedes escojan.

Fuente: eleconomista

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