Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas, uno de los matrimonios más longevos de Hollywood gracias a Antonio Banderas y Melanie Griffith y a un ramo de flores

La galesa y el estadounidense, ambos de cumpleaños el 25 de septiembre, han superado enfermedades y separaciones a lo largo de más de dos décadas

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Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas, quienes este 25 de septiembre cumplen 52 y 77 años respectivamente, forman desde hace algo más de dos décadas uno de los matrimonios más admirados de Hollywood, aunque pocos apostaban por ellos. Con los años han demostrado que ni crisis ni enfermedades ni cualquier obstáculo pueden tumbarlos. Con más de 40 películas y un Oscar ella, y con casi 70 cintas y dos estatuillas él, su trabajo es una de las cuestiones que más los mantiene unidos. De hecho, la volatilidad de sus agendas profesionales, aunque pudiese parecer lo contrario, también les ha sido de gran ayuda. O, al menos, eso es lo que se desprende de las declaraciones que ella misma realizó en abril en The Wall Street Journal: “La razón por la que mi marido y yo pasamos tanto tiempo juntos es que, a diferencia de la mayoría de las parejas, nunca hemos tenido un trabajo constante con un horario de nueve a cinco. Por ejemplo, yo trabajo 16 horas al día o no trabajo nada. Y él, igual. Gracias a ello hemos tenido a lo largo de nuestra relación la oportunidad de pasar muchísimas horas los dos solos”. De hecho, entonces dijo que ambos se lo seguían “pasando muy bien juntos” y no dudó en sacar a relucir uno de los aspectos que se han repetido machaconamente durante los últimos 20 años: su diferencia de edad. “Mi marido es 25 años mayor que yo, eso no es ningún secreto. Y ninguna relación sentimental sería normal si no hubiera altibajos. Nuestra constante es amarnos y respetarnos. Nunca hemos perdido nuestro sentido del humor y aún disfrutamos mucho de nuestra compañía”, confesó la actriz.

Su historia de película se remonta a septiembre de 1998. Concretamente, el día en el que sus caminos se cruzaron en el Festival de Cine Americano de Deauville, el segundo más importante de Francia después de Cannes. Aprovechando que ella promocionaba La máscara del Zorro y que él se encontraba en la ciudad normanda para presentar Un crimen perfecto, Antonio Banderas y Melanie Griffith organizaron una cena privada. En un primer momento, todo hacía pensar que podría haber un flechazo entre ellos, pero repentinamente Douglas hizo un comentario que desconcertó a Zeta-Jones. Como el actor narró en 2016 en el programa The Jonathan Ross Show: “Después de una media hora le dije: ‘¿Sabes?, voy a ser el padre de tus hijos”. La galesa, aturdida ante aquella frase, zanjó de inmediato la conversación alegando que al día siguiente tenía que viajar a Escocia para participar en el rodaje de La trampa. Así lo contó ella misma este año en The New Yorker: “Le contesté: ‘Muy bien. He leído mucho sobre ti. He visto mucho sobre ti. He oído hablar mucho de ti. Buenas noches’. Me fui a la cama y me levanté a las cinco de la mañana. Volé hasta Londres, cambié de avión, fui a Aberdeen y me subí a un ferry para cruzar a la isla de Mull. Una vez allí, había un gran ramo de flores que decía: ‘Lo siento si te he asustado. Con cariño, Michael Douglas’. Él siempre dice que el florista que llevó esas flores a la isla de Mull le salvó la vida. Si alguien dice que va a ser el padre de tus hijos cuando acabas de conocerlo, da un poco de miedo. Pero, desgraciadamente, tenía razón”, apostilló.

A partir de ahí, pasaron los siguientes meses charlando infinidad de horas por teléfono y viéndose en secreto siempre que sus rodajes lo permitían. La relación, para su sorpresa, no hacía más que fortalecerse a pasos agigantados. Tal fue así que, el 31 de diciembre de 1999, estando de vacaciones en Aspen, Colorado (EE UU), Douglas le pidió matrimonio con un anillo de diamantes de 10 quilates de Fred Leighton valorado en un millón de dólares. “Ambos estábamos enfermos como perros porque teníamos la gripe”, apuntó el protagonista de Un día de furia a Ross King sobre su doliente estado durante la pedida de mano.

El año 2000 marcó un antes y un después en sus vidas. El 15 de agosto nació Dylan Michael, el primer hijo de Zeta-Jones y el segundo de Douglas (él ya se había estrenado en la paternidad en 1978 con Cameron, fruto de su anterior matrimonio con la productora de cine Diandra Luker). Y el 18 de noviembre se casaron en el Hotel Plaza de Nueva York. La ceremonia, a la que acudió lo más granado de Hollywood, costó 1,5 millones de dólares. Lejos de embarcarse en una lujosa luna de miel, se refugiaron en su apartamento neoyorquino con el bebé. Los siguientes años fueron de fructíferos. En 2002 la familia se mudó a una de las propiedades que Douglas posee en Bahamas. 2003 estuvo repleto de buenas noticias. Zeta-Jones, por su papel en el musical Chicago, se alzó en marzo con el Óscar a la Mejor Actriz de Reparto y un mes después nacería Carys Zeta Douglas, su segunda hija. Eran tiempos felices.

Con lo que no contaba la pareja es que, tan pronto volvieran a residir en Nueva York en 2009, se enfrentarían a una retahíla de desdichas que pondrían a prueba los cimientos de su relación. En agosto de 2010, Douglas fue diagnosticado con un cáncer de garganta avanzado. “Intentamos mantenerlo lo más privado posible, pero debido a lo que hacemos es muy difícil. No hablé lo suficiente con otras personas sobre el tema. Que nuestros hijos nos preguntaran si papá iba a morir fue muy duro”, verbalizó Zeta-Jones en la publicación Good Housekeeping en 2016.

En enero de 2011, el actor fue declarado libre de cáncer. Pero tras lidiar con el estrés de aquellos duros meses, a principios de abril Zeta-Jones ingresó en un hospital de Los Ángeles para tratar su hasta entonces secreto trastorno bipolar. “Espero poder ayudar a eliminar cualquier estigma relacionado con ello”, dijo en InStyle. Dos años más tarde, en abril de 2013, la actriz volvió a buscar ayuda profesional. A diferencia de la primera vez, en la que su representante afirmó que fue una consecuencia de la aflicción sufrida por la enfermedad de Douglas, no se ofreció razón específica para justificar el ingreso. Desde entonces, no ha vuelto a tener ninguna recaída, al menos pública.

Lo acontecido durante ese periodo les pasó factura. Poco después de su segundo ingreso, Zeta-Jones se alejó temporalmente de las pantallas. En verano de 2013, el matrimonio tomó caminos separados. Cierto es que se reconciliaron a finales de ese año, pero no lo hicieron saber a la prensa hasta más tarde. “Estoy loco por ella. Creo que todas las parejas tienen sus momentos difíciles. El único problema es que, como bien sabes, nosotros estamos en el ojo público y tiende a exponerse un poco más que la mayoría. Pero estamos de vuelta, más fuertes que nunca”, dijo un pletórico Douglas en el plató de The Ellen DeGeneres Show en 2015.

Superado ese bache, todo ha vuelto a su cauce. Él está viviendo una segunda juventud cinematográfica tras encarnar a Hank Pym en la saga Ant-Man de Marvel. Ella, desde 2017, está de lo más ocupada con Casa Zeta-Jones, su propia línea de cosméticos, moda, calzado y productos de decoración. Tal como expresó en The New Yorker: “Casa Zeta-Jones es el paraguas de todo lo que me gusta. Mi madre era costurera y yo coso. Soy una fenomenal y loca aspirante a decoradora de interiores. Lo que buscaba era crear una marca que realmente me encarnara como mujer, no como Catherine Zeta-Jones caminando en tacones por la alfombra roja”.

Fuente: elpaís

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